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La logística está en todas partes, y debería estar en más

  • Última actualización
    20 marzo 2026 05:20

“Todo a la vez en todas partes” fue la ganadora en los premios Oscar en 2023. Este año le ha tocado a “Una batalla tras otra”.

No sé a los amigos lectores, pero a mí me ocurre que eso de la desconexión de la logística me resulta especialmente difícil, hasta en las situaciones más teóricamente alejadas de los contenedores, los barcos o los camiones. Hasta los títulos de las películas me llevan al mundo logístico.

Tengo complicado, a mis años, lo de desconectar de este macro mundo de mover ítems de un sitio para otro, de organizar, de priorizar. Tengo la mente infectada de logística y la cosa ya no tiene arreglo y, lo que es peor, no quiero que lo tenga. Vinculamos, consciente o inconscientemente, todo, o casi todo, con la logística: Los peores momentos, las tragedias, el ocio, la cultura ... Tenemos claro que, realmente, la logística está en todas partes.

Las personas ajenas a nuestro sector igual no se dan cuenta. Los profesionales de este mundo, igual nos damos demasiada cuenta. Lo cierto es que esto de pensar en modo logístico nos surge de forma más intensa cuando la situación es compleja, más difícil de resolver.

Nos pasó con la trágica DANA y su nefasta gestión, antes, durante y después. En aquel momento pensé, y escribí, que la persona idónea para poner orden en aquel macro caos debería ser un militar o... un logístico. Casualmente, supongo, se optó por un militar. Puede que nos hubiera ido mejor, con un equipo de logísticos al frente. Puede ser. Ahí lo dejo para que lo piensen, si quieren.

Esto de pensar en modo logístico nos surge de forma más intensa cuando la situación es compleja, más difícil de resolver

Hay más situaciones de caos en nuestro día a día que dan por inmejorables... los ajenos al sector.

Los que estamos infectados con el virus de la logística, no podemos evitar pensar que “esto” se arreglaba, sin duda, con un equipo de buenos gestores logísticos.

El martes, por ejemplo, me dio por participar en uno de los eventos centrales de las Fallas de Valencia, la Ofrenda de Flores. Una fiesta de color, música, valencianía y espiritualidad... que, cada año, sin avance significativo alguno, condena a los que deciden participar a una espera, de pie, a la intemperie, de dos o tres horas, antes de comenzar el desfile propiamente dicho.

Este año, según me cuentan, se ha batido el récord absoluto de participantes, con más de 120.000 falleros y falleras, distribuidos en cientos de comisiones falleras. Complicado, muy complicado, organizar todo esto para librarlo del caos en el que cada año se vuelve a caer, perdiendo así, una batalla tras otra.

El resultado es que se condena, año tras año, a todos los participantes, a pagar un tributo de eterna espera, bajo el sol o la lluvia, ataviados con vestimentas que tienen entre sus características principales su colorido y... su incomodidad. Familias completas, abuelos, bebés... han de sufrir esas horas de espera.

Que conste que, llamativamente, todos los participantes soportan esa espera con resignación, con calma, con regocijo incluso. Es tan grande la recompensa de los minutos de desfile y la entrega de los ramos de flores a la Mare de Déu, que todo se perdona. Salvo que seas logístico.

Entonces, en toda la espera, y en parte del desfile, uno no puede dejar de pensar si ese místico caos no podría ser igual o más de místico, pero menos caótico.

Y nos vienen a la cabeza nombres de empresas, de profesionales, que pensamos que organizarían esto de otra forma, mejor, sin duda.

Ellos saben moverlo todo, a la vez, en todas partes.