Hay algunos que se han a transitar por el nirvana al reparar en que la crisis política que atravesamos lo que nos muestra es una España inmune a la inestabilidad gubernamental, vacunada contra escándalos, pactos y puñaladas, es decir, una “Italia ibérica” donde los representantes del pueblo bracean en el barro de la cosa pública mientras la gente progresa y el país crece sin excesivos daños colaterales. Qué más da quién gobierne, qué más dan si hay o no apoyos en el Congreso, qué más da si hay o no hay presupuestos, si hay imputados, juicios, condenados, amnistiados o víctimas de la pena del telediario. El paro baja, el PIB engorda y todo el mundo parece tener lo que quiere: mangoneo y crecimiento.
Ahora bien, en esta “Italia ibérica” nos olvidamos de la pasta, y no precisamente de la italiana. Hace falta dinero público para renovar flotas, para encontrar conductores, para aparcamientos seguros, para estaciones eléctricas, para redes de recarga... Necesitamos nuevas partidas presupuestarias y esto sólo en el modo carretera. No lo olviden, esta “Italia” puede ser pan para hoy, pero es hambre para mañana.