Hay días en los que no sé si vivo o si cotizo. Abro el periódico o una pantalla cualquiera y ahí están: los porcentajes. El PIB sube un 2,8%, el comercio global crece un 1,9%, el transporte cae un 0,7%, el combustible sube un 12%, el EBITDA mejora un 3,4%... y uno, modestamente, intenta llegar a fin de mes sin saber en qué casilla del excel encaja su propia existencia. La vida, hoy, se mide en tanto por ciento.
En el mundo de la logística, además, el fenómeno alcanza categoría de dogma. No hay tráfico portuario que no crezca o decrezca un X%. No hay balance que no se justifique con un margen. No hay previsión que no anticipe una tendencia. Somos, en esencia, gestores de porcentajes: toneladas convertidas en ratios, buques convertidos en estadísticas, decisiones convertidas en gráficos. Y luego están las previsiones. Ese arte de la economía contemporánea que consiste en anticipar lo que, casi siempre, no ocurrirá exactamente como se ha dicho.
La Organización Mundial del Comercio nos dice que el comercio global crecerá un 1,9% en 2026, tras haberlo hecho un 4,6% en 2025 y antes de aspirar a un 2,6% en 2027. Podría ser un 1,4% si el petróleo aprieta. O un 2,4% si la inteligencia artificial tira del carro. O cualquier otra cifra intermedia si la realidad, como suele hacer, decide ignorar los modelos.
Y ahí está la clave: vivimos rodeados de cifras que pretenden domesticar la incertidumbre... pero que, en el fondo, la multiplican. Porque cada porcentaje es una promesa. O una amenaza. Si crece, genera expectativas. Si cae, genera alarma. Si se revisa, genera desconfianza. Y si no se cumple, que suele ser lo habitual, simplemente desaparece del relato sin que nadie rinda cuentas. ¿Cuántas previsiones hechas hace uno, cinco o diez años se han contrastado de verdad? ¿Quién vuelve al dato para comprobar si lo que se anunció con tanta rotundidad fue cierto? El porcentaje, en ese sentido, es una bala estadística que silba junto a la sien, inquieta, condiciona decisiones... y luego, muchas veces, ni siquiera impacta donde se esperaba. Mientras tanto, el mundo sigue girando.