Menú
Suscripción

La vida es un porcentaje

  • Última actualización
    23 marzo 2026 14:33

Hay días en los que no sé si vivo o si cotizo. Abro el periódico o una pantalla cualquiera y ahí están: los porcentajes. El PIB sube un 2,8%, el comercio global crece un 1,9%, el transporte cae un 0,7%, el combustible sube un 12%, el EBITDA mejora un 3,4%... y uno, modestamente, intenta llegar a fin de mes sin saber en qué casilla del excel encaja su propia existencia. La vida, hoy, se mide en tanto por ciento.

En el mundo de la logística, además, el fenómeno alcanza categoría de dogma. No hay tráfico portuario que no crezca o decrezca un X%. No hay balance que no se justifique con un margen. No hay previsión que no anticipe una tendencia. Somos, en esencia, gestores de porcentajes: toneladas convertidas en ratios, buques convertidos en estadísticas, decisiones convertidas en gráficos. Y luego están las previsiones. Ese arte de la economía contemporánea que consiste en anticipar lo que, casi siempre, no ocurrirá exactamente como se ha dicho.

La Organización Mundial del Comercio nos dice que el comercio global crecerá un 1,9% en 2026, tras haberlo hecho un 4,6% en 2025 y antes de aspirar a un 2,6% en 2027. Podría ser un 1,4% si el petróleo aprieta. O un 2,4% si la inteligencia artificial tira del carro. O cualquier otra cifra intermedia si la realidad, como suele hacer, decide ignorar los modelos.

Y ahí está la clave: vivimos rodeados de cifras que pretenden domesticar la incertidumbre... pero que, en el fondo, la multiplican. Porque cada porcentaje es una promesa. O una amenaza. Si crece, genera expectativas. Si cae, genera alarma. Si se revisa, genera desconfianza. Y si no se cumple, que suele ser lo habitual, simplemente desaparece del relato sin que nadie rinda cuentas. ¿Cuántas previsiones hechas hace uno, cinco o diez años se han contrastado de verdad? ¿Quién vuelve al dato para comprobar si lo que se anunció con tanta rotundidad fue cierto? El porcentaje, en ese sentido, es una bala estadística que silba junto a la sien, inquieta, condiciona decisiones... y luego, muchas veces, ni siquiera impacta donde se esperaba. Mientras tanto, el mundo sigue girando.

Nos estamos convirtiendo en yonquis del crecimiento, incapaces de aceptar que avanzar un poco, o simplemente mantenerse, puede ser también un éxito

Porque, conviene recordarlo, incluso en medio de guerras, crisis energéticas, tensiones comerciales y disrupciones logísticas, seguimos creciendo. Más despacio, sí. Más incómodamente, también. Pero creciendo. Ese 1,9% que algunos miran con gesto torcido es, en realidad, la constatación de que el sistema, con todas sus grietas, sigue funcionando. “Eppur si muove”, que diría Galileo. El comercio se mueve. Los barcos siguen navegando. Las mercancías siguen cruzando el mundo. Y los porcentajes, incansables, siguen intentando ponerle números a ese movimiento.

Quizá el problema no sea el número, sino nuestra dependencia de él. Nos hemos convertido en yonquis del crecimiento, adictos a los decimales, incapaces de aceptar que avanzar un poco, o simplemente mantenerse, puede ser, en determinadas circunstancias, un éxito. Se habla mucho de crecimiento sostenible. Pero, en el fondo, muchos de los que lo predican siguen soñando con crecimientos explosivos. Con ese titular redondo, ese dorado porcentaje que lo justifica todo.

Y mientras tanto, nosotros, ciudadanos de a pie, transitamos entre cifras, previsiones y porcentajes como quien camina por una trinchera con la sensación de que, en cualquier momento, una de esas cifras nos alcanzará de lleno. La vida, al fin y al cabo, tiene principio y final. De eso, sí que estoy seguro. Al 100%.