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Las angustias climatológicas

  • Última actualización
    27 febrero 2026 05:20

Con el aforo completo de la práctica totalidad de los eventos que organizamos, solo nos queda temer a la climatología. Ese miedo nos lleva a mirar al cielo constantemente, a través de las pantallas de ordenadores y móviles.

Con los avances tecnológicos actuales, hay ya páginas webs que se aventuran a lanzar, con semanas de antelación un pronóstico concreto, con una precisión tan milimétrica como desacertada. El problema no es que fallen o acierten, faltaría más. El problema es que, como ya he escrito en ocasiones anteriores y verifico cada día, no hay dos páginas webs meteorológicas que coincidan

A esto hay que añadir mi natural tendencia al pesimismo, la agonía y el estomague. La angustia vital que vivimos en Diario del Puerto antes de cada evento no se la deseo a nadie. Bueno, a casi nadie. Con el desasosiego que generan las muchas y diversas predicciones, siempre en cambio permanente, uno se pregunta, angustiado... ¿No usan todos los meteorólogos, más o menos, los mismos sistemas, datos y técnicas para sus predicciones? ¿Por qué, entonces, hay tanta libertad de predicción, tanto libre albedrío?

Debe ser, sin casi duda, que unos leen los posos del café, otros tiran pequeños huesos sobre un plato, otros leen un puñado de piedras con su correspondiente escupitajo, otros echan las cartas, chupan sapos o yo qué sé. Lo que está claro es que no tienen compasión de mi equipo, de mí, ni de mi pobre corazón.

Y es que, tras 37 años en esto de currarme eventos de unidad y vertebración del sector, acaba uno harto, desde meses antes de cada evento, de mirar todas las páginas webs habidas y por haber, buscando, como el que busca el Santo Grial, dos predicciones que coincidan.

¿No usan todos los meteorólogos, más o menos, los mismos sistemas, datos y técnicas para sus predicciones?

A día de hoy, para la gran Fiesta de Valencia la mayoría de estos gurús, chamanes, adivinos o meteorólogos, no dan lluvia. Y anoten que digo hoy y digo mayoría.

Imposible, por supuesto que todos prevean lo mismo, ni siquiera más o menos. Y digo hoy, en este instante, porque en un minuto, cuando vuelva a mirar las predicciones, como las miro 30 ó 40 veces al día, sin exagerar, Dios sabe lo que pondrán. A veces no aciertan ni en tiempo real. Que yo les he visto indicar que está lloviendo, cuando me asomo a la ventana y... va a ser que no.

Todo esto teniendo en cuenta que los montajes de estos macro eventos los comenzamos hasta 10 días antes. Así, sin predicciones serias... la emoción/tensión está garantizada.

Otro capítulo aparte merece la vertiente religiosa de la climatología. Que si llevarle huevos a las monjas Clarisas, que si rezar mucho... Lo de los huevos lo tengo que probar, lo de rezar... a mí no se me da muy bien. Siempre me da ocupado o fuera de cobertura.

He intentado rezar disfrazado, como quien llama desde un número oculto, por si solo atiende a creyentes, pero tampoco ha colado. Lo que sí ha resultado, lo confieso, ha sido el rezo en diferido.

Lo de encargar rezar a los creyentes que conozco, que son muchísimos, es una buena opción. Pero cuidado... en esto, como en todo, ha de haber un orden, una cierta mesura, un justo término medio. Y es que un año que anunciaban mal tiempo en la Fiesta de la Logística de Madrid, puse a rezar hasta al demonio. No lo haré nunca más. Ese día se ve que se les fue la mano con tanto rezo, y no es que no lloviera, es que hizo un calor subsahariano.

Nos vemos en Las Paellas.