Por un lado, ver a tanto y tan relevante empresario, más de mil, no puede generar otra cosa que confianza y fe en que se pueden conseguir cosas importantes. Y se conseguirán si el mundo empresarial acaba de asumir ese rol de colectivo referente. Un rol que la sociedad, huérfana de colectivos o instituciones a los que respetar, necesita más que nunca.
Por otro lado, también desmoraliza, un poco, eso de que macro encuentros, películas, réplicas de vagones, tanta inversión de tiempo y dinero, tantas y tan relevantes personalidades, poderosas, influyentes, admiradas, respetadas… tampoco consigan que los políticos dejen de entorpecer el progreso del país. Si los Juan Roig y los Vicente Boluda no son capaces de que nuestros mandatarios de turno dejen de incumplir fechas y compromisos… qué podemos hacer nosotros, simples mortales.
La genial Nieves Concostrina nos recuerda cada tarde, en la Cadena Ser, lo fácil que ha sido siempre manipular la Historia a base de las historias de unos y otros. Tiempo atrás la desinformación venía generada por la falta de información. Ahora, en nuestros días, esa desinformación tiene su raíz y su origen en el exceso de opinión y en la carencia de datos. Así, ya no sabe uno qué creer. Todo se queda flotando en la mente con un ligero tufillo a sospecha. Con tanta normalización de la mentira, la post verdad o las fake news, ya no sabemos cómo obtener los datos sobre los que construir nuevas creencias. A esto se suma el multiplicador de incertidumbre: el tiempo. Si dentro de unos años nos dicen que el Corredor Mediterráneo se acabó en tiempo y forma y nos lo dicen muchas veces, igual acabamos creyéndolo. Si pasan varias generaciones y en los libros de Historia se refleja la puntualidad y seriedad con la que se ejecutó esa infraestructura, igual nuestros descendientes lo consideran como cosa cierta.
Contra el riesgo de que la inexactitud de hoy se convierta en mentira mañana, contra el peligroso olvido y los delitos prescritos, cabría establecer una serie de placas en distintas infraestructuras, en las que se dejara información, ante notario, de lo que no ha pasado. Por ejemplo: “Hoy, 2000 días después de la fecha anunciada por el ministro Fulano, todavía no se ha inaugurado este acceso”. Al día siguiente se cambiaría el 2000 por el 2001. Le damos a nuestros dirigentes la libertad de elegir la fecha de finalización de las infraestructuras, la que ellos quieran; a cambio solo pedimos que la cumplan.
Un siglo tardó la A-3 en concluirse. Un total de 27 años lleva la ZAL de Valencia paralizada. El Corredor Mediterráneo acumula ya 25 años de retrasos. Lo más chocante es que luego quedará, para la posteridad, esa plaquita clásica en la que Mengano Presidente inaugure, si llega el caso, una u otra infraestructura. Nada que objetar, siempre que al lado permanezcan otras placas recordando a los que incumplieron plazos y promesas, restando progreso a todos. Además, mientras no se inaugure la mejora, debería mantenerse el monolito la placa y la señalética correspondiente: “No ZAL Pepito Pérez”, “Sin Acceso Norte Menganito Smith”, “Otro día sin Corredor Zutanito Beltrán”, “1.500 puestos de trabajo que hoy tampoco pueden ser gracias a Romerales Protestas”.
Y es que nos da rabia que, con esto de hacernos mayores, acabemos olvidando a tanto experto en poner palos en las ruedas del progreso. Y también merecen que los recordemos. Tanto o más que a los que inauguran.