Los que lucimos ojos de perdiz de tanto anclar los prismáticos entre el pómulo y la ceja, aplaudimos e incluso fomentamos el networking, pero lo que nos gusta es la chicha y, si puede ser, contarla.
Nada se puede reprochar al objetivo que cada organización establezca en el diseño de sus eventos. Es más, que un acto sirva de punto de encuentro y convivencia puede ser fin principal e incluso único, de tal manera que mesas redondas, ponencias y demás cuestiones del “programa científico” (como se decía antiguamente) pueden no ser más que una excusa con tintes de aliño y pragmatismo. En este contexto, a la hora de seleccionar los temas es lógico rendirse a los lugares comunes cuando, además, forman parte de la agenda de lo urgente, aunque no quiere decir que no estén en la agenda de lo importante. Es por ello que en un congreso portuario, por ejemplo, parece razonable que el debate lo protagonice la geoestrategia, la electrificación, la sostenibilidad, la digitalización,el talento o incluso la dimensión socio-humanitaria.
Ahora bien, ¿y la gobernanza? Pues supongo que eso se entiende que es propio de otro tipo de evento, pero ya les digo que, se hable de lo que se hable, el elefante está en la sala.