Por mis años en el Puerto de Valencia he conocido a siete directores y a siete presidentes y una presidenta.
Uno de los directores desde 1998 a 2000 fue luego presidente desde 2000 a 2004. Me estoy refiriendo a don Rafael del Moral. También recientemente ha habido un ingeniero que ha estado menos de dos años, por lo que no tengo opinión definida sobre él. Tanto de directores como de president@s, tengo una buena impresión. Siempre han trabajado para engrandecer el puerto.
Si tuviera que distinguir a un director, me viene a la mente don José Luis Vilar Hueso, ya en el puesto en 1979, siempre de trato excelente, capaz de atender con gran amabilidad en cualquier momento que lo necesitases. Consecuentemente, siempre fue respetado y apreciado por todos. Recuerdo de él cuando una tarde me llamó para felicitarme porque según las estadísticas oficiales nuestra empresa había alcanzado el 52% del total del tráfico de carga general del puerto.
Don José Luis Vilar trabajaba por las mañanas y también por las tardes. Muchas tardes me solía llamar para “hablar de cosas del puerto”. Él entablaba una conversación llena de curiosidad por saber cuál era mi opinión sobre diferentes temas relacionados con el puerto. Yo le contestaba con toda sinceridad y muchas veces le hacía ver cosas que en mi opinión eran mejorables.
Recuerdo que le decía: “Los ingenieros deberían pisar más muelle y menos despacho”.
Un tema que yo le reclamaba insistentemente era que las empresas estibadoras recuperásemos el “servicio de embarque”, que lo realizaba la Junta de Obras del Puerto desde el fin de la Guerra Civil. Estudié el asunto y llegué a la conclusión de que recién acabada la guerra el Puerto de Valencia estaba arrasado y, con más barcos hundidos, era el que más había sufrido de toda España. Al Gobierno de Madrid le interesaba hacer exportaciones de naranjas, pero desde el puerto le hicieron ver que no había material para el embarque, que no existían oficialmente empresas estibadoras, etc. Pero el Gobierno de Madrid que recién había ganado la guerra fue tajante: “Que el embarque lo haga la Junta de Obras del Puerto”. Desde entonces, la Junta de Obras del Puerto hizo el embarque. Las empresas estibadoras de las cuatro operaciones portuarias solo hacían tres: la estiba, desestiba y desembarque. Esto duró muchos años con gran descontento de dichas empresas estibadoras, que no dejaban de reclamar lo que en justicia les pertenecía.
“Tanto de directores como de president@s, tengo una buena impresión”
Una tarde, don José Luis me pidió un escrito lo más fundado posible en el sentido de que el Club Náutico no debería estar al final del muelle de Poniente. Lo hice encantado pues entonces existían temporales de Levante y nosotros ya habíamos tenido serios problemas con las maniobras de atraque y desatraque (los remolcadores de Boluda no tenían la potencia de los de ahora).
El muelle de Levante era muy estrecho. Una tarde vi a don José Luis muy preocupado. Me dijo que no me podía explicar totalmente el tema, pero me adelantó que una importante empresa había pedido oficialmente construir toda la ampliación del muelle de Levante y basándose en la ley de quien gana terrenos a la mar, son suyos. Esta empresa pasaría a explotarlos dentro del puerto. Comprendí que el asunto era serio. Don José Luis me pidió nuevamente un escrito de oposición. El tema debió terminar bien, pues la Junta de Obras del Puerto se apresuró a hacer ella toda la ampliación, que es la actual.
Las “conversaciones vespertinas” fueron en aumento hasta que un día, sintiéndolo mucho, le tuve que decir que yo no podía utilizar tantas tardes sin atender mi oficina. Don José Luis lo comprendió y trató de resumir los temas y redujo sus llamadas.
De los president@s tengo también una excelente opinión. Aunque la mayoría han sido nominados por el sector político, todos se han esforzado en integrarse en el mundo marítimo.
A mí me nombraron vocal del Consejo de Administración del Puerto Autónomo de Valencia desde 1980 hasta 1984. Coincidí con don José María Boquera Oliver de presidente. Recuerdo que hubo una época en que aumentaron mucho los robos de mercancías (entonces no existían containers). Aproveché una reunión del Consejo de Administración para informarles y pedir solución al grave problema. Me parece recordar que fue don Rafael del Moral, que también era miembro del Consejo, el que dijo que yo estaba exagerando mucho, que el puerto estaba muy bien protegido por la Guardia Civil y la Policía Portuaria. Yo seguí diciendo que los robos de mercancías habían aumentado mucho. El presidente cortó el tema y me tuve que callar.
Dos o tres días después de esta reunión me llamó el presidente para decirme que me había visto muy firme defendiendo mi punto de vista en el Consejo, que si yo podía recogerle en mi coche y dábamos una vuelta por el muelle y yo le explicaba por dónde creía que se sacaba la mercancía robada del muelle. Le dije que encantado. Le recogí en la calle de Colón. Dentro del puerto le llevé al área del muelle del Turia, que todavía estaba sin terminar ni urbanizar. Bajamos del coche y a pie le llevé bajo el puente de Nazaret. Como el nivel del agua del río era muy bajo se podía pasar perfectamente desde dentro del puerto afuera y viceversa. Don José María me dijo que ya había visto bastante. Al cabo de muy poco tiempo se iniciaron las obras de cierre del puerto en dicha área. Recordé la frase: “Los ingenieros deberían pisar más muelle y menos despacho...”