Justo hace una semana, los agricultores catalanes decidían cortar diversas carreteras para protestar por la firma del acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur. Tal y como hacen todos los colectivos para que su protesta sea más mediática y los políticos escuchen sus reivindicaciones, los agricultores cortaron puntos críticos de la red viaria. Si cuando los taxistas de Barcelona se manifiestan, lo hacen en el centro de la ciudad, los agricultores apostaron por cortar los accesos al Puerto de Tarragona y la AP-7 a la altura de la frontera con Francia, entre otras vías. Una estrategia que funcionó, pues los representantes de los agricultores se reunieron el pasado lunes con el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el conseller de Agricultura, Òscar Ordeig, y tras el encuentro los payeses levantaron los cortes.
En el caso de las protestas de los agricultores, los máximos afectados por los cortes de carretera han sido los transportistas, un colectivo que ya sea por una cosa u por otra, siempre sale perjudicado de conflictos en los que no está implicado, con todos los perjuicios económicos que esto supone. Durante estos días de protestas, todas las asociaciones de transportistas han asegurado “comprender y respetar” las reivindicaciones de los agricultores pero también se quejaban de que “no es aceptable que sean los transportistas quienes soporten el mayor impacto de las protestas”. Los datos que facilitaba Port Tarragona el martes reflejaban el impacto de las protestas, pues se produjo una disminución del 88% en la cifra de camiones que entraron o salieron del Puerto entre el jueves que empezaron las protestas y el lunes que finalizaron, siendo el viernes el día con más afectación.
Mientras los agricultores se reunían en el Palau de la Generalitat, los transportistas veían como no podían descargar las mercancías a su destino
El transportista se encuentra en una situación de gran vulnerabilidad ante este tipo de protestas, pero al mismo tiempo no recibe la misma atención por parte de los responsables públicos. Nadie se reúne con ellos para conocer los problemas que les provoca este tipo de situaciones, nadie les pregunta los perjuicios económicos que les suponen estas protestas, nadie hace un esfuerzo para empatizar con ellos y encontrar soluciones... No solo eso, sino que el sector tiene la sensación que en el caso de las protestas de los agricultores, la administración catalana no ha tenido ninguna intención de acabar con los cortes antes de los cinco días que finalmente duró la manifestación. “Es inaceptable e intolerable que la Generalitat sea connivente con los cortes de carreteras”, se quejaba el presidente de Fenadismer, Carlos Folchi, durante el almuerzo-coloquio del pasado martes de Propeller Barcelona, en el que acudió como invitado.
Esta inacción política genera un sentimiento de agravio en un sector, el del transporte de mercancías por carretera, que todas las administraciones reconocen como esencial para el desarrollo de la actividad del país, pero al mismo tiempo parece invisible a los ojos de los políticos. Mientras los agricultores se reunían en el Palau de la Generalitat, los transportistas veían como no podían descargar las mercancías a su destino.
Las protestas de esta última semana no fueron las primeras, y seguro que no serán las últimas, que sufrirán los transportistas, pero esperamos que para los próximas, ya sea de trabajadores españoles o franceses, que también afectan en España, la administración asuma su rol, también con los transportistas. Es necesario que se establezcan protocolos de circulación para que la libertad de circulación de mercancías no sea un derecho de segunda categoría en comparación con el derecho de protesta.