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Náufragos de la geopolítica

  • Última actualización
    30 junio 2026 05:20

“Cada día tiene su afán”, dice el dicho. Los lunes, mi afán es escribir esta columna. Aunque el afán de este lunes 29 de junio, festividad de San Pedro y San Pablo, es, según la ONU, el Día Internacional de los Trópicos, quiero retroceder apenas unos días en el calendario para recordar que el pasado 25 de junio se celebró el Día Internacional de la Gente de Mar, instituido por la Organización Marítima Internacional (OMI). Una conmemoración que este año cobra un significado especial mientras más de 11.000 marinos permanecen atrapados en buques mercantes en el estrecho de Ormuz, convertidos, sin haberlo elegido, en rehenes de la geopolítica.

Vivimos rodeados de objetos que llegan por mar. Los alimentos que encontramos en el supermercado, el combustible que mueve nuestros vehículos, el gas que calienta nuestros hogares, el teléfono móvil que llevamos en el bolsillo, las piezas que necesita una fábrica para no detener su producción o el contenedor que abastece un comercio. Cerca del 90% del comercio mundial viaja en barco. Lo sabemos. O creemos saberlo. Lo que apenas conocemos es a las personas que hacen posible ese milagro cotidiano.

Detrás de cada portacontenedores, petrolero, gasero o granelero hay hombres y mujeres que pasan meses lejos de casa, soportando temporales, largas jornadas, aislamiento y una profesión que pocas veces ocupa titulares. Solo cuando una crisis altera la cadena logística volvemos la mirada hacia el mar. Después, todo vuelve a esconderse bajo la alfombra de nuestra indiferencia.

Nos hemos acostumbrado a que todo llegue a la puerta de casa cuando lo necesitamos. Tanto, que hemos acabado olvidando que detrás de esa aparente normalidad hay personas cuya rutina consiste, precisamente, en desafiar lo extraordinario cada día.

Sabemos dónde está nuestro paquete, pero ignoramos quién arriesga su vida para traerlo

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, lo resumía con una frase tan sencilla como incómoda: “Los que vivimos en tierra firme solemos ser indiferentes respecto del mar”. Y añadía que los acontecimientos recientes en el estrecho de Ormuz han dejado varados a decenas de miles de marinos mientras trabajaban lejos de casa para mantener al mundo abastecido de combustible y alimentos.

La propia OMI ha querido poner rostro a esa realidad con el lema de este año: “Impulsar el comercio mundial. Sobrellevar los riesgos”. Su secretario general, Arsenio Domínguez, ha insistido en que la gente de mar nunca debe convertirse en víctima de los conflictos geopolíticos y ha impulsado un plan internacional para evacuar a las tripulaciones atrapadas en Ormuz. La paz parece abrir una puerta, pero sigue siendo frágil y la situación de muchos marinos continúa siendo, en estos momentos, crítica.

Algunos medios internacionales han contado sus historias. Hablan de guardias nocturnas con explosiones en el horizonte, de familias que esperan noticias, de relevos imposibles, de miedo contenido y de una incertidumbre que desgasta más que cualquier temporal. En España, El País también ha puesto voz a algunos de esos testimonios. Sin embargo, para la inmensa mayoría de la opinión pública siguen siendo invisibles.

Quizá esa sea la mayor paradoja del transporte marítimo. Sabemos en todo momento dónde se encuentra un paquete gracias a una aplicación instalada en el móvil, pero desconocemos quién conduce el barco que lo transporta a través de un mar convertido en escenario de guerra. Tal vez por eso siga siendo tan necesario celebrar un Día Internacional de la Gente de Mar. No para recordar que existen los barcos, sino para recordarnos que, dentro de ellos, siguen viajando personas.