Por qué me tratás así, yo todos lo meses pago mis impuestos de los que sale tu sueldo... siempre con esa cara de malo... relajá un poco, hermano... Leés en los diarios, todos los días: la corrupción, la corrupción, la corrupción, y piensas... no puede ser que los tipos estos sean tan jodidos... y son jodidos no más. ¿Qué te molesta ir a la oficina y hacer las cosas bien? que tenés que ir especulando, amenazando gente...
Este diálogo entre Diego Peretti y un funcionario corrupto, en la película Tiempo de Valientes, me viene a la mente de forma recurrente estos días más que nunca.
Y es que vivimos rodeados de malas noticias. Pareciera que en este mundo no hay más que malas actitudes. Inmersos en unas arenas movedizas de corruptos, farfollas, maleducados, irrespetuosos, camuesos, soberbios e hijos de la gran Bretaña (con p), nos cuaja la sensación de que aquí no se salva nadie. Máxime cuando, al parecer, también ha caído el Bambi de la política (¿tú también ZP, hijo mío, tú también?). Cuesta no caer en el desánimo, en la depresión y en el bajar los brazos ante un panorama tan crecientemente desolador. Ante todo esto, por mera cuestión de supervivencia, no queda otra que aferrarse a nuestro círculo más cercano, en busca de algo de aire limpio. Y si no lo hay, crearlo nosotros mismos.
El esfuerzo de un puñado de buenas gentes tuvo una ubérrima cosecha de sonrisas infantiles
En medio de todo este chapapote, el pasado viernes vivimos una de esas jornadas que nos devuelven algo de fe en el ser humano. Vi cosas que no creeríais. Profesionales que lo dejaron todo durante unas horas para ponerse al servicio de los niños más necesitados para darles una mañana de diversión. Cientos de críos llegando al Polideportivo de Nazaret para ser, por un rato, protagonistas de todo, compitiendo en el Quinto Torneo Aportem de Fútbol Solidario. Vi empresas e instituciones aportando cada una su granito de arena para que los críos tuvieran un almuerzo más que completo (Bocadillo, fruta, agua, yogur, frutos secos... ) y se llevaran además un buen número de detalles (balones, camisetas, libretas, bolígrafos...) Y todo esto porque un grupo de buenas personas, instituciones y empresas, coordinadas por Aportem – Puerto Solidario Valencia y el Atlético Nazaret, acordaron ponerse en el lugar de estos niños, constatar que necesitaban este tipo de alegría y... dársela. No es tan difícil.
Fue una mañana luminosa, en lo meteorológico también, y los que allí estábamos echando una mano pudimos emocionarnos con la ilusión y la alegría que los críos transmitían, con sus cartulinas pintadas de mensajes de ánimo para sus equipos, con sus decenas de nacionalidades juntas y revueltas, con pieles de todos los colores. Fueron más de 250 niños y podían haber sido algunos más de no ser por la justísima huelga de profesores que, mal entendida en este caso, impidió asistir a otros 60 niños.
Ese viernes 22 de mayo comenzaba, miren por dónde, la Romería de El Rocio. Me dio por recordar lo vivido hace ya muchos años, cuando tuve la oportunidad de ver entrar a la aldea de Almonte a las distintas hermandades. Fue el momento más emocionante, el que la memoria, que suele ir por libre, eligió para archivar en mi mente. La llegada de los críos, cargados de ilusión y alegría, volvió a expandirme el alma y la fe en el ser humano, como todos y cada uno de los años que llevamos organizando este evento de responsabilidad social. El esfuerzo de un puñado de buenas gentes tuvo una ubérrima cosecha de sonrisas infantiles. Vale la pena y ... no es tan difícil.