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No es una generación cualquiera

  • Última actualización
    28 noviembre 2025 05:20

Conforme pasa el tiempo, gana fuerza el convencimiento de que lo único que importa es el paso del tiempo. Poco a poco, tras casi 40 años en el sector, voy observando como pasa la época de gloria de los viejos roqueros logísticos para dar paso al consiguiente relevo generacional. Por su innegable carácter adictivo, nuestro sector es uno de los que más cuesta salir voluntariamente. Muchos de esos viejos roqueros han pasado ya la edad de jubilación lógica, la legal, la máxima, la aconsejable incluso... y ahí siguen. Todos tenemos sus nombres en la cabeza, a lo largo y ancho de la geografía logístico-portuaria de nuestro país, incluso con algún que otro nombre en el extranjero. ¿Por qué alargan su presencia en el día a día profesionales con más de 65 años, más de 70, de 75, de 80...? Pues porque, ahora, a estas alturas de su vida, lo que más vale de ellos es lo que a ellos menos les cuesta: la experiencia y la sabiduría que les ha traído con ella. Con los años, resolver una duda operativa o de gestión lo hacen en menos tiempo y con más acierto. Conocen los problemas y las soluciones. En casi todos los casos. Las empresas, en muchas ocasiones, optan por mantener al frente de sus naves a personas especialmente adultas. Partiendo de la base de que esas empresas no son estúpidas... no queda otra que suponer que lo hacen porque les conviene, porque le siguen sacando rendimiento a tantos y tantos lustros de vida dedicada a lo mismo.

En Occidente, en estos tiempos, no tenemos costumbre de escuchar a los mayores. Ese es uno de nuestros grandes problemas

Es preciso reflexionar sobre el inmenso capital humano y, sobre todo profesional, que suponen estos logísticos experimentados. Si en nuestro sector se les cuida se hace por razones objetivas. Además del tesoro que supone su experiencia y su agilidad en la propuesta de soluciones, debemos considerar que ese grupo de directivos que siguen en la brecha tras pasar la frontera de la jubilación, han vivido la época más determinante del sector logístico a nivel local, nacional e internacional. Los últimos 50 años no han sido una época cualquiera. La eclosión total del transporte de mercancías hasta los niveles que hoy conocemos se fue fraguando muy poco a poco hasta llegar a la segunda mitad del pasado siglo, donde todo se aceleró de forma vertiginosa, con este grupo de directivos viviendo, cuando no activando, todos estos cambios de forma directa, determinante. Fueron tiempos en los que se pasó del papel a lo digital, de la mercancía general al contenedor, rompiendo así los límites y barreras que hasta entonces tenía un sector caracterizado por un creciente volumen de actividad, que requiere, por tanto, un similar volumen de evolución e inventiva para atenderlo adecuadamente. Y ahí estuvieron ellos.

Hacemos bien, por tanto, en cuidar ese singular tesoro de experiencia y sabiduría. Los mayores del sector han sido testigos directos de cómo y por qué se ha pasado de mover unas decenas de contenedores en un barco a buques que transportan, en menos tiempo, decenas de miles, con eficacia milimétrica.

En Occidente, en estos tiempos, no tenemos costumbre de escuchar a los mayores. Ese es uno de nuestros grandes problemas. Así tenemos hoy a una creciente camada de chavales que suspiran por volver a tiempos que jamás conocieron ni quisieron conocer, ni querrían conocer nunca... si los conocieran.

Para no caer en el mismo error, en nuestro sector debemos seguir considerando a los más veteranos. A los de siempre. No son una generación cualquiera. Son los que vivieron el establecimiento de la base de lo que hoy es nuestro mundo logístico.