Relata Miguel Delibes en “El hereje” cómo la incertidumbre, la falta de seguridad y los riesgos geopolíticos en la Europa de Carlos V llevan a Cipriano Salcedo, protagonista de la historia, no solo a alterar la cadena logística sino a transformar la estructura productiva de una de las industrias más potentes de la Península y, a la vez, paradigma del pan para hoy y el hambre para mañana.
Hablamos de la industria lanar, sostenida por infinitos pastos y cientos de miles de cabezas de ganado, de las que mediante el esquileo se obtenían en aquella época vellones como para vestir a medio mundo. Eso sí, la lana se “producía” en España, pero se vendía en el centro de Europa, donde se transformaba en tejidos y en vestidos que luego España adquiría por el doble de precio, con lo que ello comportaba para sus arcas.
Relata Delibes que en los tiempos de don Bernardo, padre de Cipriano Salcedo, 700.000 vellones de lana eran transportados en carretas tiradas por mulas mediante dos expediciones anuales desde los almacenes de los Salcedo en Valladolid hasta el almacén central de la familia Maluenda en Burgos, utilizado como simple hub de consolidación.
Desde allí, con la lana de otras muchas partes de Castilla, las carretas ponían rumbo al puerto de Santander, donde se fletaban los barcos para llevar la carga hasta Flandes, principalmente hasta el puerto de Amberes.
La incertidumbre es propia de todas las épocas
A la muerte de su padre y tras hacerse cargo del negocio, Cipriano Salcedo no solo pone en cuestión el almacén en Burgos, que a su juicio actúa como simple intermediario que encarece la logística sin aportar valor. También cuestiona la trascendencia de perder el control de la mercancía a partir de Burgos, sobre todo si tenemos en cuenta que la venta en Flandes es efectiva en el momento de la entrega de la mercancía en el Puerto de Amberes, es decir, en lo que respecta al “incoterm” de la época, el transporte corre por cuenta de los “españoles”, con lo que ello implica.
Principalmente porque, tal y como advierte Salcedo, el transporte marítimo estaba sometido no sólo a las inclemencias meteorológicas en el Golfo de Vizcaya, relatando Delibes cómo uno de los barcos laneros debe refugiarse en el Puerto de Pasajes y declararse avería gruesa. También estos barcos son amenazados por corsarios y contrabandistas de tal forma que la flotilla de Flandes siempre pierde unidades y la carga acaba “desapareciendo” con el “vendedor” cómo único perjudicado.
¿Consecuencia? “Los riesgos de la flotilla aumentaban cada año y los fletes y los seguros encarecían”, relata Delibes. “El negocio de los fletes no servía ya, por sí solo, para dar salida a las lanas castellanas”, se puede leer en “El hereje”.
¿Solución? Nearshoring de la época, es decir, transformación de la cadena logística pero, antes que nada, transformación de la cadena productiva.
En primer lugar, Cipriano Salcedo constata cómo los comerciantes moriscos de Segovia, aunque a mucha menor escala, compran vellones en Castilla para transformarlos allí mismo en ricos tejidos, pero lo hacen con una diferencia en las condiciones muy importante: son los moriscos los que compran en la “puerta” de los pastos y corren con todo el transporte en carretas hasta Segovia.
Pero, en segundo lugar, Salcedo decide no quedarse en este paso intermedio y directamente apuesta por transformar por cuenta propia en la misma Valladolid la lana y crear prendas de vestir con venta directa. Así, el conocido “zamarro”, chaqueta tosca de piel de borrego para las tareas del campo, lo transforma Cipriano con simples detalles estéticos en cuello y mangas en una prenda de moda para clases sociales más altas. El éxito de la “adaptación” es arrollador, relata Delibes.
Constata pues don Miguel en “El hereje” que la incertidumbre es propia de todas las épocas y la resiliencia es connatural a la cadena logística. Industriales y logísticos no conocen lo que son las herejías porque día a día están obligados a cuestionar el orden establecido e inventar nuevos caminos haciendo posible lo imposible.