Siempre he pensado que las relaciones entre los portuarios y las empresas estibadoras deberían ser cordiales. Son dos grandes grupos que trabajan por un fin común. Cualquiera que trabaje en el puerto debe poner siempre el máximo esfuerzo en ello. Yo solo tengo reconocimiento y agradecimiento a los portuarios. Cuando éramos empresa estibadora evidentemente teníamos un trato más directo con los portuarios que ahora, pero aun así hoy seguimos de cerca el latir del corazón del trabajo del puerto.
Recuerdo hace muchos años que consignábamos y también actuábamos como empresa estibadora de Prudential Lines, que nos mandó el buque “Moline Victory” en su línea regular Valencia-Nueva York. El armador tenía mucho interés en adelantar al máximo su escala pues el buque venía muy retrasado. Decidimos comenzar la carga en la jornada de las 06:00 horas ya que el barco llegaba a medianoche. Me fui al muelle muy temprano para ver comenzar la operación. De repente apareció mi capataz muy excitado y me explicó que no tendríamos gente hasta las 08:00. El motivo era que junto con nuestro barco había un granelero que también quería comenzar a las 06:00. El empleado encargado de la contratación había hecho el sorteo y el primer buque para contratar salió el granelero, que solicitaba una mano reducida. Los portuarios descolgaron sus chapas y se negaron a trabajar en ese barco. Se armó un buen lío. El encargado llamó al secretario, que decidió que se cancelaba la contratación de las 06:00 horas y todos a las 08:00 a un nuevo sorteo. Así fue. Cuando llegaron los portuarios a nuestro buque mi capataz me comentó que estaban muy cabreados con el secretario. Observé que le imprimieron un ritmo muy, muy rápido a la carga. Extraordinariamente a las 12:30 horas las tres manos habían terminado toda la carga. Se fueron. Mi capataz vino a contarme que se habían ido todos negándose a cobrar y que lo habían hecho para darle una lección al secretario y por ayudar a que el buque saliera lo antes posible pues conocían la prisa que teníamos.
Nuestra empresa pasó una época muy difícil al ir desapareciendo progresivamente la carga general en favor del container, que tras una fuerte inversión manejaba una única terminal en nuestro puerto dirigida por mi buen amigo Perfecto Palacios (q.e.p.d.). Dimos de baja la concesión del Transversal de Poniente en julio de 1985 y un año después, en mayo de 1986, dimos de baja nuestra empresa estibadora y comenzamos el triste camino de reducir personal progresivamente con cargo a los fondos de reserva ahorrados. Esta difícil situación nuestra era por supuesto conocida por los portuarios, que estaban divididos en dos grupos: uno grande y otro en la “oposición” mucho más pequeño.