Menú
Suscripción

Portuarios

  • Última actualización
    07 enero 2026 05:20

Siempre he pensado que las relaciones entre los portuarios y las empresas estibadoras deberían ser cordiales. Son dos grandes grupos que trabajan por un fin común. Cualquiera que trabaje en el puerto debe poner siempre el máximo esfuerzo en ello. Yo solo tengo reconocimiento y agradecimiento a los portuarios. Cuando éramos empresa estibadora evidentemente teníamos un trato más directo con los portuarios que ahora, pero aun así hoy seguimos de cerca el latir del corazón del trabajo del puerto.

Recuerdo hace muchos años que consignábamos y también actuábamos como empresa estibadora de Prudential Lines, que nos mandó el buque “Moline Victory” en su línea regular Valencia-Nueva York. El armador tenía mucho interés en adelantar al máximo su escala pues el buque venía muy retrasado. Decidimos comenzar la carga en la jornada de las 06:00 horas ya que el barco llegaba a medianoche. Me fui al muelle muy temprano para ver comenzar la operación. De repente apareció mi capataz muy excitado y me explicó que no tendríamos gente hasta las 08:00. El motivo era que junto con nuestro barco había un granelero que también quería comenzar a las 06:00. El empleado encargado de la contratación había hecho el sorteo y el primer buque para contratar salió el granelero, que solicitaba una mano reducida. Los portuarios descolgaron sus chapas y se negaron a trabajar en ese barco. Se armó un buen lío. El encargado llamó al secretario, que decidió que se cancelaba la contratación de las 06:00 horas y todos a las 08:00 a un nuevo sorteo. Así fue. Cuando llegaron los portuarios a nuestro buque mi capataz me comentó que estaban muy cabreados con el secretario. Observé que le imprimieron un ritmo muy, muy rápido a la carga. Extraordinariamente a las 12:30 horas las tres manos habían terminado toda la carga. Se fueron. Mi capataz vino a contarme que se habían ido todos negándose a cobrar y que lo habían hecho para darle una lección al secretario y por ayudar a que el buque saliera lo antes posible pues conocían la prisa que teníamos.

Nuestra empresa pasó una época muy difícil al ir desapareciendo progresivamente la carga general en favor del container, que tras una fuerte inversión manejaba una única terminal en nuestro puerto dirigida por mi buen amigo Perfecto Palacios (q.e.p.d.). Dimos de baja la concesión del Transversal de Poniente en julio de 1985 y un año después, en mayo de 1986, dimos de baja nuestra empresa estibadora y comenzamos el triste camino de reducir personal progresivamente con cargo a los fondos de reserva ahorrados. Esta difícil situación nuestra era por supuesto conocida por los portuarios, que estaban divididos en dos grupos: uno grande y otro en la “oposición” mucho más pequeño.

Siempre encontramos en los estibadores colaboración

Recibí la llamada del presidente del grupo mayor diciéndome que él y la junta directiva querían hablar conmigo en la cafetería Richmond´s. Así quedamos y en dicha cafetería, en su sala privada situada al final, nos encerramos todos. El presidente habló y me dijo que eran conocedores de que mi empresa estaba pasando malos momentos, pero que todos los portuarios estaban a nuestra disposición para ayudar a Roca Monzó. Me quedé muy emocionado e impresionado. Les agradecí muchísimo su ofrecimiento, pero también les dije que creía que debería resolver la situación por mí mismo. Su ofrecimiento era tan amplio como hiciera falta, pero yo mantuve mi gran agradecimiento y lo decliné. Un gran detalle que nunca podré olvidar.

Pocas semanas después me llamó el presidente del grupo pequeño. La historia se repitió exactamente. Fuimos a Richmond´s. Me ofrecieron toda clase de ayuda y nuevamente me emocioné mucho, pero decliné su sincera oferta.

Siempre encontramos en los estibadores colaboración.

Recuerdo que en la línea Valencia-Nueva York de Prudential Lines, los estibadores del puerto anterior, Barcelona, no estibaban sobre las bandas la carga general en los entrepuentes. Para no hacer esfuerzo la “dejaban” junto a la boca de escotilla. En Valencia, como teníamos mucha carga y nos faltaba espacio, les teníamos que pedir a los portuarios que, por favor, “reestibasen” la carga de Barcelona en los entrepuentes. Nunca se negaron y aunque nos demoraba el comienzo de nuestra carga, nos permitía tener mucho más espacio. Por supuesto que nos habíamos quejado a los primeros oficiales de todos los buques que había sucedido este problema, pero la contestación era unánime: los portuarios de Barcelona o cargaban así o no cargaban...

Con el mayor de los respetos comento que en aquella época muchos portuarios tenían apodos. No se ofendían e incluso eran más conocidos por los apodos que por sus propios nombres. A título histórico, citaré algunos: “Besugo” (por su cara), “Megatón” (estaba cojo, llevaba un ojo tapado y andaba lentamente), “Cul de goma” (movía mucho su trasero cuando andaba), “Periquito” (por el tono de su voz), “El gat”(por su apariencia), “Voz de trueno” (por el tono débil de voz), “Pixa botitos” (estaba mal de la próstata y se hacía pipi encima)... Pero por encima de los nombres y apodos, todos ellos sin excepción eran excelentes trabajadores.

En más de una ocasión capitanes de buques de carga general me pidieron que llamase al capataz para felicitarlo por la estiba bien hecha.