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Portugal vuelve su cara portuaria hacia España

  • Última actualización
    12 enero 2026 15:30

Siempre he mirado a Portugal con una mezcla de cercanía y fascinación. Me gustan sus paisajes abiertos, su luz atlántica, la forma tranquila, casi silenciosa, de estar en el mundo. He cruzado la frontera unas cuantas veces por placer, por ocio, por escapadas que no necesitaban excusa. Y desearía hacerlo también por trabajo, por negocio, por logística. Porque Portugal es de esos países que uno siente cómodos, amables, sin estridencias. Durante años lo imaginamos así: mirando al Atlántico, con la saudade como gesto, el fado como voz y un carácter melancólico que parecía vivir de espaldas a la prisa.

Pero ese retrato, como tantos otros tópicos, empieza a quedarse viejo. Ya no solo por figuras como Ronaldo o Mourinho, que nos enseñaron la versión competitiva, y por qué no decirlo, no tan amable, del carácter portugués, sino porque el país, en su conjunto, ha decidido no perder el tren, ni el barco, del futuro. Portugal sigue mirando al Atlántico, pero ahora lo hace con ambición. Y, de paso, vuelve su cara portuaria hacia España.

La estrategia PORTOS 5+, aprobada para el período 2025-2035, es toda una declaración de intenciones: convertir a Portugal en una potencia marítima y portuaria europea, aprovechar su posición geoestratégica como puerta atlántica y disputar, sin complejos, flujos logísticos en el mercado ibérico. El plan habla de inversión, de capacidad, de ferrocarril, de intermodalidad y, de forma explícita, de captar carga que hoy entra o sale por puertos españoles

En ese tablero, el Puerto de Leixões emerge como una pieza clave. No solo por su peso en el sistema portuario portugués, sino por su proximidad geográfica y funcional al noroeste español. PORTOS 5+ fija para Leixões el ambicioso objetivo de alcanzar en 2035 los 20 millones de toneladas de mercancías, 1 millón de TEUs y 260.000 pasajeros de crucero. Para lograrlo, el plan prevé un aumento de capacidad cercano a los 10 millones de toneladas, con el contenedor como eje central y el tráfico ro-ro, la carga general y la reorganización de áreas especializadas como refuerzo.

España no debería mirar las ambiciones portuarias de Portugal con recelo

Aquí entra en juego la ampliación de la terminal de contenedores que opera Yilport. No es una obra más. Es una apuesta estratégica con efectos directos sobre Galicia y, especialmente, sobre Vigo. La ampliación prevé una inversión de entre 201 y 216 millones de euros, nuevos muelles, 16 nuevas hectáreas, calados de 15,5 metros y capacidad para 655.000 TEUs, con buques de hasta 6.000 TEUs. A eso se suma digitalización, automatización de puertas, integración en la Ventanilla Única Logística y, sobre todo, refuerzo de la conectividad ferroviaria .

El ferrocarril es la clave silenciosa de esta historia. Las vías, como cremalleras que son, pueden hacer que las mercancías fluyan de España a Portugal o al revés, según eficiencia, coste y tiempo. Un Leixões bien conectado por tren deja de ser un puerto regional para convertirse en un gateway ibérico atlántico, capaz de atraer carga gallega i del interior peninsular.

¿Supone esto una amenaza para los puertos españoles? No necesariamente. España no debería mirar este movimiento con recelo, ni siquiera desde los puertos más próximos, como Vigo. Los cargadores buscan opciones. Y un sistema portuario portugués fuerte puede ser también un estímulo para la eurorregión del noroeste peninsular, con Leixões y Vigo reforzándose, compitiendo y colaborando a la vez.

Portugal ya no mira solo a América con saudade. Ahora, el vecino silencioso, amable y tranquilo del rellano mira a España y dice: aquí estoy. ¿Sabremos verlo solo como un reto o también como una oportunidad compartida?