Hay puertos que salen en todos los mapas. Y hay otros que parecen vivir al margen, que no figuran en los rankings ni en los grandes debates logísticos. Y, sin embargo, cargan y descargan mercancías con la misma naturalidad con la que respiran. Son puertos que parecen operar en una especie de limbo administrativo. Son los puertos comerciales de titularidad autonómica. Pocos, están ahí al lado, sin hacer ruido.
Estamos acostumbrados a ver el sistema portuario como una fotografía fija: los puertos de interés general, los que dependen de Puertos del Estado y mueven millones de toneladas. Pero existe otra geografía portuaria mucho menos conocida, hecha de pequeños muelles comerciales que también importan y exportan mercancías, reciben buques, tramitan despachos aduaneros y sirven de pulmón económico para su entorno más cercano. No mueven millones de toneladas. Pero lo que mueven importa.
El puerto vizcaíno de Bermeo es uno de esos lugares. Quien llega a Bermeo, por Sollube o desde Mundaka, difícilmente sospecharía que, en el muelle de Erroxape puede encontrarse un buque mercante descargando bobinas de acero o cargando tableros de madera con destino a Marruecos. En 2025 Bermeo movió 227.604 toneladas en 96 buques, un 24% más que el año anterior, cifras que el Gobierno Vasco interpreta como muestra de la buena evolución de esta infraestructura gestionada directamente desde Euskadi. Dos consignatarias de toda la vida concentran las operaciones comerciales, que incluyen siderúrgicos, madera, papel, aluminio, mármol, yeso, urea o pasta de papel.
Son pocos, están ahí al lado, y no meten ruido, pero funcionan
Mientras los grandes puertos viven de amplios hinterlands industriales y logísticos, estos puertos autonómicos viven al ritmo de territorios mucho más pequeños. No dependen de Puertos del Estado. Se rigen por la legislación autonómica, con estructuras administrativas más reducidas y una gestión que los gobiernos regionales defienden como más cercana a las empresas. En el caso vasco, el argumento se resume en una frase que repiten desde el Ejecutivo: el autogobierno funciona. La consejera Amaia Barredo lo explicaba hace unos días tras reunirse con los operadores bermeanos: gestionar las infraestructuras desde Euskadi permite “estar cerca de las empresas, conocer sus necesidades y tomar decisiones más ágiles”.
El debate, sin embargo, no está tanto en si funcionan o no. La cuestión es otra. ¿Cuáles son sus reglas de juego? ¿Compiten en igualdad de condiciones o disfrutan de un marco más laxo en materia administrativa, aduanera, laboral o portuaria? Son preguntas legítimas, sobre todo cuando surgen propuestas como la de convertir a Pasaia en puerto de titularidad autonómica. Porque, en comparación, Bermeo es casi un puerto de juguete.
El fenómeno no es exclusivo de Euskadi. Portos de Galicia gestiona puertos comerciales como Ribadeo o Cariño, que concentran el 78% de los 1,3 millones de toneladas que mueven los puertos autonómicos gallegos. También en Catalunya hay ejemplos como Palamós o Vilanova i la Geltrú. Pequeños puertos. Pequeños tráficos. Pequeños hinterlands. Pero integrados en el comercio internacional. Y quizá por eso siguen pasando desapercibidos. No ocupan titulares. Pero funcionan.
La próxima vez que pasen por Bermeo, acérquense al muelle de Erroxape y miren con calma. Si hay un mercante atracado, lo entenderán. Y una vez allí, no olviden acercarse a la nave de Conservas Urdaibai, en pleno muelle. Porque incluso en los puertos que viven en este particular limbo portuario siempre hay algo muy real que llevarse a casa: unas buenas anchoas de Bermeo... o unas gildas memorables. Palabra.