Llevo unos días con la canción de Paco Ibáñez en la mente. Y no es que esté de moda, precisamente, ni que se haya convertido en la melodía de un anuncio o en la canción del verano. Es que paseo a veces por el paseo marítimo de Valencia y por su Dársena Interior. Y no me queda otra que interrogarme sobre cómo es posible que pasen en esta tierra cosas tan contra esta tierra, sin que ni asociaciones, lobbies, instituciones, políticos ni particulares alcen la voz ante aberraciones tan diversas y variadas. Algunos lastres los arrastran los valencianos, desde 1992, otros desde mucho antes y otros se están concretando estos días, añadiéndose a la ristra de esperpentos, injusticias, ilógicas y entuertos que se sufren en estos lares.
No me cansaré de denunciar al maldito Euromerd. Ese servicio infernal en el que nunca sabes cuándo vas a llegar ni cómo vas a viajar. Puede tocarte ir enfrente de otros, contra dirección, en el vagón del escándalo, sin que importe nada lo que hayas contratado. Esto de que contrates un producto y te den lo que les salga de las catenarias, solo pasa aquí. Además, puedes cometer el error de pensar que puedes subir en el tren con la ropa de verano. Pobres turistas en camiseta y bermudas, a punto de morir de frío. Los que ya sabemos a qué nos enfrentamos, subimos con abrigo y bufanda, aunque fuera haga 35 grados. Algún día alguien me explicará por qué siguen graduando la temperatura como si fueran a transportar pescado congelado. En resumen, y por encima de todo eso... no entiendo ni entenderé cómo se ha consentido que el primer AVE no haya sido, ni sea, ni será, el Valencia – Barcelona.
Ahora vuelve a abrirse una inmensa ventana de oportunidad, con la transformación del frente litoral
Solo en Valencia se concibe tanta sumisión, tanta mansedumbre ante tanto disparate. Otro ejemplo es la total pasividad del valenciano ante el robo máximo que se puede perpetrar a una ciudad: quitarle las vistas al mar. ¿Cómo es posible que, habiendo polígonos industriales y parques tecnológicos, se sigan construyendo academias en la riba, delante de preciosos edificios públicos? Cuando ahí se podría haber construido, por ejemplo, un inmenso, espectacular y más que necesario parque - jardín, para todos los valencianos. No lo entiendo. Como tampoco entiendo que no haya quien obligue a quitar ya los edificios de la Copa del América de delante de los tinglados y se siga dejando a particulares vender para todo tipo de eventos las vistas al mar que nos han quitado.
Lo del Acceso Norte es ya para mear y no echar gota. Llevamos 50 años hablando de este temita, y no se ha tenido la capacidad de sacar adelante ni tan siquiera un proyecto de proyecto para algo que es, además de imprescindible para el Puerto, especialmente positivo para la ciudadanía y el medio ambiente.
Ahora vuelve a abrirse una inmensa ventana de oportunidad, con la transformación del frente litoral, anunciada esta semana por la alcaldesa. Se debería aprovechar esa obra para la construcción del Acceso en un túnel que podría transcurrir bajo el nuevo paseo marítimo. La unión de proyectos concluiría con un nuevo acceso y con un paseo marítimo espectacular, con el doble de ancho que el actual, un paseo en el que se crearan viales independientes para peatones, para corredores y para ciclistas.
Para la Copa del América se abrió otra bocana de acceso en el Puerto y se desaprovechó esa ocasión única de construir el Acceso Norte. ¿Volverá a desperdiciarse esta nueva oportunidad?
¿Qué vos passa?