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Quemar todos los libros... amarillos

  • Última actualización
    06 marzo 2026 05:20

Solo hay una cosa más mezquina que quemar libros: no quemar los libros de autoayuda. La única duda es si en lo alto de la pira dejamos un palo para los gurús del espíritu, los telepredicadores del éxito, los conferenciantes de la motivación y los trileros del ánimo.

En eso de las actuaciones de música y baile los gustos son muy diversos. Un buen cante flamenco, por ejemplo, a unos nos puede parecer gloria bendita y a otros una tortura insufrible. Los organizadores de eventos lo saben. Y cuando quieren ponerles otra guinda a sus celebraciones, optan, cada vez más, por poner a un gurú de la motivación para que eche una charla. Que eso de subir la moral parece que a todos mola.

Muy santo y muy sabio, si no fuera porque, ellos y sus libros, son peligro para la estabilidad mental de muchos oscuros mendigantes de algo de luz. Eso de que cada cual puede conseguir lo que quiera, que no hay nada imposible, que si te lo propones lo consigues, que si otros pueden tú puedes, que hay que soñar a lo grande y luchar por ello, que nunca se puede decir nunca, que imposible solo es lo que no se intenta y otras lindezas similares... es, básicamente, peligroso.

He oído a varios conferenciantes de estos de a 20.000 la hora y me preocupa que ahora desembarquen en eventos del sector

Nada hay más fuerte que una idea. Cuando se te mete, o te meten, algo en la cabeza, puede llevarte a la euforia más rotunda o a la depresión más profunda. Con tanto anuncio, tanto tertuliano, tanto medio radicalizado y tanto político mentiroso, el ciudadano de a pie acaba teniendo la mente reblandecida, ideal para que la asalten estos señores comunicadores del optimismo generalizado. Cuidado. Se puede escuchar todo, siempre que se dude de todo. Creerse eso de que si otros han podido tú puedes, conlleva peligro de depresión, incluso muerte. Cada persona es un mundo, cada cual tenemos unas alas y unos lastres. Con eso es con lo que tenemos que hacerlo lo mejor que podamos. Con eso y con el ingrediente clave: la suerte. Sin cierta materia prima y sin suerte... se consigue lo que buenamente se puede, que, por lo general, suele estar muy lejos del éxito total o la felicidad absoluta.

No. Por mucho que lo grite el o la charlatana de turno, no te vas a poder comprar el piso de tus sueños con un salario de 1.400 euros. No hagas números. O cambias tú, o cambias de trabajo o cambia tu suerte.

Los libritos amarillos, esos de autoayuda, de ratones vigilando queso o monjes negociando con ferraris, por mucho que los leas y los repases, no te van a ayudar a pagar la hipoteca. El único éxito que generan esos libritos es el que se llevan sus autores. Ningún problema si no fuera por la angustia vital que generan cuando se constata que otros pueden y tú... no. La depresión y el suicidio esperan en el paso de la teoría a la cruel, rotunda y fría realidad.

He oído a varios de estos conferenciantes de a 20.000 la hora y me preocupa que ahora desembarquen en los eventos del sector, no sea que haya quien empiece a creer que depende de él lo de llenar el barco a tope de contenedores. Oigamos, vale, pero... pensemos.