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Renfe se muere mientras el Estado pervierte el interés y el servicio público

  • Última actualización
    22 julio 2026 05:20

Hay una frase dramática en la Auditoría de las Cuentas Anuales de 2025 de Renfe Mercancías, análisis firmado por la consultora PKF Attest, que no por recurrente deja de remover las entrañas.

Después de consignar que, a 31 de diciembre de 2025, Renfe Mercancías tiene un fondo de maniobra “negativo” de 426 millones de euros (un 48.8% más que en 2024) y un patrimonio neto también “negativo” de 81,7 millones de euros, la consultora se ve en la obligación una vez más de explicar “por qué la sociedad no se encuentra en causa de disolución” y por qué “las Cuentas Anuales han sido elaboradas bajo el principio de empresa en funcionamiento”.

Es decir, PKF debe explicar por qué lo que a simple vista es una empresa financieramente “muerta”, todavía es considerada “viva”, y la razón es tan escueta como contundente:

La Sociedad cuenta con el apoyo financiero de su Accionista Único”.

Son enternecedoras las mayúsculas utilizadas para hablar de “Accionista Único” porque se trata del “Estado”, o sea, de todos y cada uno de los españoles que por delegación en el Gobierno y por medio de su voluntad política mantenemos enchufada a Renfe a la máquina de respiración artificial, pues no podemos calificar de otra forma que no sea de artificio el hecho de que el todavía principal operador ferroviario de mercancías en España, de carácter público, cerrara 2025 con unas pérdidas de 44,83 millones de euros, para elevar los resultados negativos desde el año 2015 a un total de 401 millones de euros.

Por tanto, año tras año el dinero público se va por el desagüe del operador ferroviario público y año tras año se renueva el dopaje financiero público, la sedación estatal para un moribundo empastillado de préstamos participativos de 61,23 millones, 40,19 millones , o en el caso de 2026, hasta 100,79 millones.

Constatado hasta la extenuación que no hablamos de una crisis coyuntural sino que estamos ante un agujero negro estructural, la única razón que podría justificar que el Estado siguiera sosteniendo a Renfe Mercancías, como hemos señalado en innumerables ocasiones, es el interés público y la puesta a disposición de su actividad al servicio del Estado en cuestiones de índole social o estratégica.

Hasta qué punto merece la pena seguir alargando la vida del paciente y extendiendo sin motivo alguno su sufrimiento

¿Está Renfe Mercancías ejerciendo este papel? En modo alguno. La labor que debería encarnar como motor de la transformación logística en España hacia un ferrocarril competitivo y protagonista es paupérrima. Es más, Renfe opera actualmente como un freno al desarrollo del ferrocarril en España tras perder un 71% de todo su tráfico en los últimos 20 años y en caída libre, pues en lo que va de 2026 el retroceso hasta mayo alcanza ya el 22%.

A la espera de la III Guerra Mundial y de que los restos ferroviarios que queden puedan servir a la movilidad militar, la consultora PKF también “salva” a Renfe Mercancías porque “está en estudio de implantar otras medidas para mejorar los resultados de la sociedad, incluyendo la continuidad de las negociaciones con el socio industrial seleccionado”, una operación a la desesperada que sigue en el limbo por las serias dudas sobre el verdadero “valor” de Renfe que, ojo a lo que dice la consultora, no puede determinarse por el actual “proceso de negociación y análisis”.

En suma, estamos en la sublimación de la pescadilla y la cola, donde por un lado PKF alerta de la urgencia de hacer un test de deterioro de los activos materiales de Renfe dadas las permanentes pérdidas relevantes de explotación, y por otro, Renfe no accede a facilitar dicho test dada la operación del socio estratégico en curso, que es la única que podría salvar los resultados de explotación y evitar el deterioro.

Al final, PKF asegura que “no puede establecer una conclusión sobre la razonabilidad del valor neto contable” de Renfe, mientras la negociación con el socio estratégico sigue bloqueada ante la incapacidad de poner un valor razonable a ese 50-50 con el que se quiere conformar la nueva sociedad salvadora.

En suma, tal y como le sucede a toda persona gravemente enferma, en semejante situación lo que se desata es el fallo multiorgánico mientras los familiares se preguntan hasta qué punto merece la pena seguir alargando la vida del paciente y extendiendo sin motivo alguno su sufrimiento.

Y es aquí cuando debemos centrar el tiro en el apoyo financiero del “Accionista Único”, que año tras año dilapida el interés público y despilfarra los impuestos de los ciudadanos por no querer asumir el coste político de la muerte y desaparición de Renfe Mercancías, algo que sería inocuo en un mercado libre donde la iniciativa privada sigue avanzando sin traumas.

Por eso, llegados al actual bloqueo y asumiendo los errores pasados, ya no hay lugar para atajos. Por el bien del interés público, no hay más salida que la privatización o la liquidación. Perpetuar este estado cuasi vegetativo es faltarle el respeto a los ciudadanos.