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Resucitar viejos fantasmas o el oxímoron del pleonasmo transitario

  • Última actualización
    30 septiembre 2026 05:20

Es sintomático que la salida de la presidencia de FETEIA de Enric Ticó haya resucitado algunos de los viejos fantasmas de la representatividad del colectivo transitario en España.

Lo de “resucitar viejos fantasmas” es un tópico que aúna la doble figura retórica del oxímoron y el pleonasmo. Oxímoron porque no hay resurrección posible en un fantasma, puesto que es alguien o algo muerto. Y pleonasmo porque un fantasma es viejo por naturaleza, es siempre pasado, es siempre ayer y cada día que pasa aún más si cabe.

Por eso, tal vez lo más correcto no sea hablar ni de “resurrecciones” ni de “fantasmas” ni mucho de menos de “viejos”. Cuando estas cosas suceden, los problemas como mucho lo que están es dormidos, las ideas y los sentimientos lo más que están es latentes y las inquietudes y preocupaciones siguen ahí, vivitas y coleando.

Otra cosa es si hay justificación para que, transcurrido tanto tiempo, algunos sigan en su sillón amasando el lomo del gato y paladeando expectantes la llegada, antes o después, del momento en el que poner en marcha los recelos, las suspicacias, las prevenciones y las salvaguardas.

¿Es, en verdad, necesario? Y, sobre todo, ¿es acorde con los actuales tiempos?

Por de pronto, merece la pena subrayar que recordar y resucitar son dos cosas distintas y que, si bien sigue siendo fundamental aplicarse la máxima de que aquel que olvida su historia está condenado a repetirla, no está de más hablar de quienes quieren condenarnos a repetirla por no saber ni querer olvidar determinadas historias.

La FETEIA unida de hoy es fruto de la FETEIA dividida de ayer

La FETEIA unida de hoy es fruto de la FETEIA dividida de ayer. La trinchera que las ATEIAs de Madrid y Barcelona alimentaron a principios de este siglo en torno a quién debía controlar FETEIA, a dónde debía estar radicada la sede de FETEIA y quién y cómo debía presidir FETEIA, desembocaron en 2005 en ese perfil inusual para las asociaciones logísticas de la época que era Ticó, ni empresario ni directivo ni muchos menos transitario, sino un cargo público con un contrastado conocimiento sectorial y una evidente capacidad de liderazgo para arrinconar las mezquindades asociativas del colectivo y priorizar los objetivos comunes en un sector que ha sufrido en este siglo no solo la revolución de la logística en general, sino la revolución de la representación aduanera en particular, cuestión troncal de la actividad transitaria.

Que el colectivo transitario haya navegado en mitad de esta tormenta con un rumbo definido, con una coherencia en sus principios, reivindicado, visible y unido es un mérito que nadie puede discutir a la figura de Ticó, hasta el punto de que ni siquiera cuando hubo que compatibilizar cargos públicos y cuando la política española recrudeció las cuestiones identitarias, nadie fue capaz de cuestionar públicamente la gestión de quien defendía a los transitarios de España en cada rincón de España, como demuestra la apertura de tantas nuevas ATEIAs, por no hablar de la gestión de las tensiones internas por las contribuciones dinerarias, que digo yo que debe ser al fin y al cabo una de las madres de este cordero.

Lo digo porque si la salida de Ticó ha hecho que enseguida alguna que otra ATEIA se haya puesto en guardia, no puede seguir debiéndose a una lucha soterrada por quién controla FETEIA en base a intereses sectoriales contrapuestos, pues todos los intereses del sector transitario en España se antojan comunes y el supuesto favoritismo logístico hacia unas regiones u otras más que un viejo fantasma es ahora mismo una momia. Por tanto, ¿qué es tan importante para alzar así las orejas? ¿Acaso nos sigue dominando el ego de las viejas glorias?