Siempre he pensado que el trabajo es sagrado; que, entre otros motivos, debemos trabajar también para servir a los demás; que trabajando duro se encuentra uno satisfecho consigo mismo; que determinados trabajos pueden ser dificultosos, pero se ven recompensados por los descansos; que si tienes una buena idea y la haces progresar con tu trabajo, hasta el extremo de necesitar colaboradores, empiezas a trabajar para ti y para ellos.
Cuando en tu trabajo logras involucrar a más personas, tu satisfacción aumenta considerablemente.
Evidentemente deberás estar preparado para los tiempos difíciles, que vendrán, pero para eso estarás ayudado por tu equipo íntimo, para capear el temporal y buscar aguas tranquilas.
Los que teniendo un trabajo no se esfuerzan cada día al máximo, no se merecen tenerlo.
Nosotros en nuestra empresa siempre hemos procurado formar un equipo entre todos. La unidad es esencial para emprender el gran reto del trabajo.
Recuerdo que hicimos en mi empresa un concurso para buscar el eslogan más adecuado. Dos quedaron finalistas:
“Trabajamos para progresar, ¡Ayúdenos!” + “Roca Monzó tiene siempre carga para su barco y barco para su carga”. Finalmente elegimos el segundo y lo imprimimos hasta en los sobres de correos. Fue nuestro eslogan preferido durante mucho tiempo. Dar buen servicio en el trabajo es de gran importancia.
De nada sirve trabajar duro si luego cometes errores por aconsejar mal a tus clientes.
Los que teniendo un trabajo no se esfuerzan cada día al máximo, no se merecen tenerlo
En nuestra empresa se puede decir que hemos ido “paso a paso”. Recuerdo muy bien cuando empecé yo solo en una habitación alquilada de una oficina en la calle, entonces llamada “Almirante Mercer”, hoy “Reina”. Fue en 1961. Han pasado 65 años y nuestra empresa sigue... y queremos que siga siguiendo.
El trabajo reconozco que en ocasiones resulta duro y quizás desagradecido. Da la sensación de que “no compensa”. Pero jamás hay que claudicar, sino todo lo contrario.
Hay que rehacerse pronto y volver al “tajo” cuanto antes. De cobardes no se escribe la historia y el que cae en su trabajo ya debe estar calculando cuanto tiempo le falta para volver a levantarse y seguir luchando.
En ocasiones quizás podemos haber molestado a nuestros vecinos. Me viene a la mente cuando compramos para nuestra oficina un piso de 123 metros cuadrados en J.J.Dómine nº 7, 14ª, donde nos instalamos creyendo que nos sobraba local.
No fue así y tuvimos que ir alquilando más locales en la misma finca. Llegamos a tener cinco locales diferentes a distintos niveles con un total de 503 metros cuadrados. La finca tiene un solo ascensor del cual los empleados y visitantes hacíamos un uso muy continuo. Yo me pasaba mucho tiempo pidiendo disculpas al resto de los vecinos por nuestra constante utilización del ascensor y el ruido que hacíamos las noches que teníamos que quedarnos para ultimar manifiestos de carga para buques que empezaban a cargar a las 08:00 horas. Comprendí que nuestros vecinos estaban teniendo mucha paciencia con nosotros. Yo les sigo estando muy agradecido por la comprensión que tuvieron... afortunadamente.
Los que trabajan con desgana, mirando el reloj, no nos interesan. Hay que rodearse de gente muy trabajadora con ganas de progresar en la propia empresa
Esta situación me llevó a seguir buscando una solución. La encontré en la finca que comenzaba a construirse en el nº 18 de la misma calle J.J.Dómine. Su segunda planta de 1.737 metros cuadrados estaba escriturada para uso exclusivo de oficinas. Como tenía confianza con los promotores, compramos la totalidad de la segunda planta cuando la finca todavía estaba en construcción. Ya nunca nos ha faltado espacio para nuestras oficinas. Incluso hemos podido vender y alquilar una parte de esta, pero reservándonos siempre espacio suficiente para nuestra propia oficina.
El trabajo nunca nos ha faltado y requiere siempre la complementariedad de poner el máximo interés en el mismo.
Los que trabajan con desgana, mirando el reloj, no nos interesan. Hay que rodearse de gente muy trabajadora con ganas de progresar en la propia empresa.
Consecuentemente, hemos de estar siempre dispuestos a enseñar lo que sabemos a nuestros colaboradores. Con el ejemplo por supuesto, pero también didácticamente siempre que haya ocasión.
No podemos quedarnos para nosotros lo que hemos aprendido con la experiencia de los años trabajados. Nuestra principal obligación es transmitir lo que sabemos a los que vienen detrás de nosotros.