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Siguiente reto logístico: operar sin suelo y entre huracanes

  • Última actualización
    09 febrero 2026 05:20

Mientras el mundo seguía, mientras Trump continuaba con la deshumanización de las personas más vulnerables confundiendo a los solicitantes de asilo con locos por aquello de la polisemia de la palabra “asylum”, mi vida quedó en suspenso. Mi padre entró por puertas de urgencias con la mente nublada y el corazón acelerado y nosotros nos quedamos a la espera. Muchas (muchas) pruebas después, los temores más fuertes habían desaparecido, pero persistía la ausencia de su verdad, de sus recuerdos. Nuestro miedo seguía on fire mientras hacíamos como que no pasaba nada. Días de hospital y más pruebas. El mundo seguía e Ingrid daba paso a Leonardo. Y, por fin, su sonrisa era más suya. La medicación se asentaba y la rutina volvió como si nunca se hubiera quebrado. La actividad logística regresó a mi vida y lo hizo de golpe y con urgencia. Ponerse al día es lo que tiene. Pero ya estamos aquí, con la opinión del lunes. Qué alegría.

Y de qué hablamos, ¿de las consecuencias del azote climatológico que está viviendo nuestro país? ¿De cómo el transporte regresa a los titulares cuando alguna crisis irrumpe en la vida de la ciudadanía?

Preparar nuestros puertos, aeropuertos, carreteras y vías ferroviarias para que puedan seguir operando con vientos de 100 km/h, lluvias torrenciales o corrimientos de tierra, lo veo tremendamente complicado

¿No os aburre que siempre pase lo mismo? Se olvidan del valor estratégico del transporte hasta que lo clientes del norte de la UE se percatan de que sus productos frescos de la huerta española no están disponibles o hasta que las grandes industrias no pueden seguir haciendo su PVC o distribuyendo sus coches... Entonces todo son prisas y no se puede hacer nada.

El sector del transporte insiste en los desafíos de la actividad con el objetivo de anticiparse a las crisis, pero no hay manera. Infraestructuras que no se actualizan, presupuestos asignados pero que no se ejecutan, burocracia que lastra y lastra...

Por otro lado, quizás deberíamos a ir pensando en habilitar presupuestos de contingencia para hacer frente a esos días de “producción cero” que nos llegarán gracias al impacto de la actividad humana en el planeta o lo que es lo mismo, el cambio climático. A lo mejor también deberíamos normalizar que un día sin producción es bien...

Preparar nuestros puertos, aeropuertos, carreteras y vías ferroviarias para que puedan seguir operando con vientos de 100 km/h, lluvias torrenciales o corrimientos de tierra, lo veo tremendamente complicado. Quizás el nuevo desafío al que hay que buscar respuesta sea precisamente ese: cómo adaptamos la cadena de distribución a las cada vez más exigentes condiciones climatológicas.

El transporte marítimo canaliza cerca del 90% de los intercambios globales en términos de volumen y desde la pandemia ha vivido disrupciones, cuellos de botella, escasez de capacidad ergo fletes en niveles altísimos, volatilidad operativa con un mayor peso de rutas más cortas y exigencias verdes y de digitalización y se ha adaptado en cada paso del camino, pero si los puertos no pueden sacar las mercancías de sus instalaciones porque el modo ferroviario (el llamado a salvar al mundo) está colapsado literalmente, de nada sirve que los buques sean divinos.

Ojalá estas situaciones extraordinarias nos ayuden a concentrar los esfuerzos en prevenir, planificar y adaptar nuestras infraestructuras, porque se están repitiendo cada vez más y quedarnos parados diciendo que en tiempos pretéritos también había gota fría no sirve de nada. Que la estupidez no detenga nuestra supervivencia.