Dentro de los códigos no escritos que siempre han funcionado en nuestro sector no figuraba, años atrás, lo del análisis estadístico, la IA o los algoritmos. Antes funcionaba asomarse a la ventana y ver los descampados cercanos. Contando los camiones aparcados y el tiempo que llevaban ahí, se podía saber cómo íbamos de faena. Además, si pasaban cierto tiempo los camiones parados, estaba claro que se avecinaba tormenta. O huelga o algún camión quemado o ambas cosas. Esto también ha cambiado.
Los descampados están ahora llenos de edificios y, para observar a los camiones en su letargo, hay que mirar en las campas de las empresas o en otras apartadas de la ciudad. Lo curioso es que ahora, un camión parado no significa lo mismo que antes. No es que no haya trabajo... es que no hay quien lo ejecute.
Este mal, el de la falta de profesionales que atiendan la faena en alguno de los eslabones de nuestro sector, ya está empezando a ser más que preocupante. Si creen, todavía, que exagero, les recuerdo que hoy hacen falta unos 30.000 conductores de camión, según ASTIC. Lo malo no es eso, lo realmente alarmante es la previsión para 2028, con una carencia estimada de 116.000 conductores.
Se hace preciso puntualizar que la falta de profesionales no es solo en ese punto de la cadena logística. De todos modos, si fuera solo en ese punto, también deberíamos de preocuparnos todos, ya que esto solo funciona si funcionamos todos.
Algo más va a costar aceptar que se cierren empresas porque no seamos capaces de atender la faena
Pero, para los que crean que esto no va con ellos, está el dato de las próximas jubilaciones en un sector especialmente envejecido. En los próximos años, en función de esas jubilaciones, harán falta cientos de miles de nuevos profesionales. Teniendo en cuenta que el sector sigue siendo poco o nada atractivo para los jóvenes... tenemos un problema.
Cualquier empresario acepta que su empresa se vaya al garete, siempre que sea por falta de trabajo. Algo más va a costar aceptar que se cierren empresas porque no seamos capaces de atender la faena. Los pelos como sables se me ponen solo de pensarlo.
El problema sigue creciendo porque no se acaba de diagnosticar la raíz del mal. Si hace unos años la solución podría pasar por subir los sueldos... hoy en día, con eso solo ya no basta. Tampoco sirve eso de traer conductores del extranjero. En cuanto les tengas que dar casa, al precio que está la vivienda en España, te vale más la pena prenderle fuego al camión.
La batalla debe librarse en la sociedad, en su esquema de valores, en la motivación de los jóvenes para trabajar o en la carencia de esa motivación. Hay un concepto, un combustible, un acelerador de voluntades que siempre hemos tenido en nuestra existencia, en mi caso, a bodegas: la necesidad. Sin eso... ¿Cómo vamos a hacer trabajar a los jóvenes en los camiones o en lo que sea? Un gramo de necesidad es más potente que una tonelada de lujo. Nunca se va a correr igual huyendo que persiguiendo.
Muchos de mis amigos lectores, pensarán que, como yo, nunca han tenido opción de no trabajar. En nuestro tiempo libre podríamos hacer lo que quisiéramos, incluso estudiar; pero lo de trabajar no era negociable.
Mucho tendremos que trabajar como sociedad para corregir la raíz del problema y ver qué ofrecemos para que los jóvenes quieran determinados trabajos. El problema de la captación y retención de talento es un problema de difícil solución, que se volverá imposible de solucionar si olvidamos la verdadera clave del asunto: la falta de motivación.