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Tu puerto es tan tuyo como MÍO

  • Última actualización
    01 abril 2026 09:23

Como quiera que en esta ocasión resulta más apropiado no decir el pecado y sí mencionar al pecador, quiero arrancar este artículo con un recuerdo para Salvador Santos Campano, que siendo presidente de la Cámara de Comercio de Madrid le tocó en una ocasión ejercer de anfitrión de una de esas tópicas presentaciones comerciales que de forma recurrente los puertos han venido haciendo a lo largo de los últimos años en Madrid.

En el uso de la palabra, Santos Campano extrajo unos ajados folios del bolsillo de su americana y, con nula entonación y fraseo un tanto precipitado, se prestó a cantar las bondades, bellezas y glorias del puerto en cuestión.

El enclave, uno de los muchos que transitan por mitad de la tabla del sistema portuario de interés general, fue glosado con tanta grandeza y tan excelsos epítetos que, bajo los frescos del salón de baile del Palacio de Santoña, a don Salvador Santos Campano no le quedó más remedio que ponerle broche a su discurso con una hipérbole que, de tan socorrida, tal vez fue obra de un escribano un tanto desahogado y que rezó así: “Para concluir, solo me queda añadir ante tan distinguido auditorio que Madrid, tierra interior donde las haya, puede ya afirmar con rotundidad que por fin tiene puerto”.

Recuerdo la sonrisa nerviosa que se le escapó al director de la autoridad portuaria en cuestión, consciente de que semejante hipérbole restaba más que sumaba ante un público logístico avezado en las preferencias portuarias de la zona centro, ya claramente definidas en aquellos momentos.

“Donde no hay mar también hay puertos”

No obstante, más allá del desconocimiento de Santos Campano, su exageración no iba desencaminada en la contribución a ese debate recurrente sobre la competitividad y la competencia en el seno del sistema portuario, donde el velado desdén con el que se tacha de centralismo a Puertos del Estado emana de una visión puertocentrista pacata e interesada que reduce el hinterland a mero cliente, al tiempo que sustrae sus derechos ciudadanos.

Veo estos días por las calles de Madrid las marquesinas de los autobuses convertidas en contenedores azules. Brilla en sus cantos la imagen corporativa de Puertos del Estado y ese recuerdo tan necesario, acertado y oportuno en torno no solo a la contribución de los puertos a nuestra logística cotidiana, sino sobre todo en torno a su alcance y su conexión indispensable con el hinterland.

“Donde no hay mar también llegan los puertos”, ha sido el eslogan elegido, inmejorable, si bien me van a permitir ir más allá para subrayar que “donde no hay mar también hay puertos”, puesto que una de las grandes bondades del sistema portuario español es que es de “interés general” y, por tanto, de titularidad estatal, es decir, los puertos son de todos los ciudadanos, están al servicio de todos los ciudadanos y ese debe ser su enfoque y misión.

Por eso, en uno de esos mantras que vienen tejiendo esta columna durante los últimos años, conviene recordarles a todos aquellos que reivindican la titularidad y la gestión de los puertos desde la excentralidad de su ubicación geográfica, que para servidor y el resto de millones de españoles que poblamos el hinterland esos puertos son tan suyos como nuestros, tenemos el mismo derecho a decidir sobre los mismos y el único baremo geográfico a manejar es el de la priorización física en la optimización de las cadenas logísticas para ofrecer en cada momento la solución más adecuada por el puerto más conveniente.

Esa es la diferencia entre quienes luchan solo por su puerto y quienes celebramos y nos beneficiamos de cada logro de cada uno de los 46 puertos de interés general, así como de su gestión coordinada y supervisada.

Y es que, sí, parafraseando a Santos Campano, “Madrid tiene puerto(s), Madrid tiene mar”.