Hace una semana, Port de Barcelona presentaba sus tráficos del primer semestre, con un incremento del 3,5% respecto al mismo periodo del año anterior. En la rueda de prensa, el director general de la institución, Àlex Garcia, destacaba la importancia de la diversificación de tráficos del recinto para hacer frente al conjunto de disrupciones que están afectando al comercio internacional en los últimos años. Una diversificación que permite al Puerto de Barcelona compensar la caída de las exportaciones de carne de cerdo (por la crisis de la peste porcina en Catalunya) o de alfalfa (por el conflicto en Oriente Medio, principal mercado de destino) con el crecimiento del resto de tráficos. El tráfico de vehículos, por ejemplo, se sigue consolidando y Barcelona ya se ha convertido en la puerta de entrada de los coches chinos y en un hub logístico para el sur de Europa. La gran mayoría de ellos eléctricos o híbridos, por cierto.
Pero más allá de las cifras de mercancías movidas por el recinto barcelonés, la noticia más destacada de la rueda de prensa fue el anuncio de que los técnicos de ENAIRE y Port de Barcelona certificaban la compatibilidad de la ampliación del Aeropuerto de El Prat con el desarrollo de la zona sur del Puerto de Barcelona. Una noticia que ya se podía intuir, pues tanto el puerto como el aeropuerto no han paralizado en ningún momento los procesos administrativos y constructivos relacionados con sus respectivas ampliaciones.
Sin embargo, la certificación de compatibilidad de los técnicos tras años de pruebas en simuladores aporta, como señalaba el presidente de la Autoridad Portuaria de Barcelona, José Alberto Carbonell, “la seguridad y la certeza” para el desarrollo sin problemas de dos de las infraestructuras más importantes para Barcelona y el conjunto de Catalunya.