Menú
Suscripción

Un Juego de Tronos portuario

  • Última actualización
    16 diciembre 2025 05:20

Lo confieso desde la primera línea, no vaya a ser que alguien crea lo contrario al leer el título de esta columna: no he visto un solo segundo de la serie Juego de Tronos ni de El Señor de los Anillos ni de Harry Potter ni de ninguno de esos universos épicos lleno de reinos, hechiceros o criaturas fantásticas. Ni pienso hacerlo. No va conmigo. Es más, no puedo con ello. Y, sin embargo, reconozco que la expresión “juego de tronos” vale para describir el extraño reinado de los puertos, un equilibrio inestable entre poder, estrategia y supervivencia que tan acertadamente recoge el informe “The Leading Container Ports of the World 2025”, elaborado por DNV y Menon Economics.

Porque los puertos también tienen su propia monarquía. No llevan corona, de momento, pero sí mantienen una tradición y una autoridad silenciosa. Durante décadas, el trono se otorgaba por volumen: reinaba aquel que más contenedores movía. Una cuestión de pura aritmética. Pero el estudio de DNV y Menon deja claro que ese mundo ya no existe. Mover cajas sigue siendo importante, pero ya no basta con tener músculo; ahora hay que saber usarlo.

Ahí está la crisis del mar Rojo para demostrarlo, con flotas enteras que tomaron las de Villadiego por la ruta del cabo de Buena Esperanza, mientras que puertos que vivían medio aletargados, se encontraron, de repente, en el centro de la partida. Tocó improvisar, reordenar agendas, absorber barcos que llegaban sin avisar y evitar caer en la temida espiral de la congestión portuaria. Y como subraya el informe, no todos respondieron igual: unos se adaptaron con reflejos de superviviente y otros quedaron en posición perdedora antes de entender siquiera lo que estaba pasando.

El informe “The Leading Container Ports of the World 2025” organiza la competitividad en cinco pilares que, en este juego, equivaldrían a cinco casas nobles disputando el trono: los habilitadores, la conectividad, la productividad, la sostenibilidad y el impacto global. Y como en toda corte, cada casa tiene sus fortalezas y sus debilidades.

El éxito no depende de mover más piezas, sino de moverlas mejor

Asia domina como una dinastía establecida: Singapur y Shanghái parecen hechas para no caer jamás. Róterdam mantiene el trono europeo con una solidez que ya es histórica, mientras Hamburgo se mantiene firme, sin alardes pero sin retroceder. En África, Durban sigue siendo el señor del territorio, aunque Lomé irrumpe como un heredero prometedor. Y en Norteamérica, Nueva York & Nueva Jersey irrumpen con fuerza, mientras los puertos de la costa oeste digieren la idea de que su reino ya no es inexpugnable.

La palabra que recorre el informe como hilo conductor es “resiliencia”: la capacidad de mantener la cabeza fría cuando todo se tambalea. Los puertos resilientes son los que reorganizan su estrategia, repiensan la posición y reaccionan con inteligencia cuando una marea geopolítica amenaza con desbordarlo todo. Y aquí es donde nuestro ecosistema portuario debería detenerse. Tenemos muelles, grúas, ampliaciones y proyectos, pero el estudio muestra que las grandes batallas no se ganan en las murallas, sino en la gobernanza, la coordinación, la lectura estratégica y la anticipación. En saber que la diferencia entre un puerto competitivo y uno vulnerable está, muchas veces, en los engranajes que no se ven.

En un tablero donde cada semana cambia la posición, el éxito no depende de mover más piezas, sino de moverlas mejor. Y mientras los grandes puertos libran su particular batalla por el poder, la verdadera pregunta no es quién reina hoy, sino quién será capaz de sostener la corona cuando vuelva a cambiar la marea. Porque todos los puertos quieren sentarse en el trono.