Lo confieso desde la primera línea, no vaya a ser que alguien crea lo contrario al leer el título de esta columna: no he visto un solo segundo de la serie Juego de Tronos ni de El Señor de los Anillos ni de Harry Potter ni de ninguno de esos universos épicos lleno de reinos, hechiceros o criaturas fantásticas. Ni pienso hacerlo. No va conmigo. Es más, no puedo con ello. Y, sin embargo, reconozco que la expresión “juego de tronos” vale para describir el extraño reinado de los puertos, un equilibrio inestable entre poder, estrategia y supervivencia que tan acertadamente recoge el informe “The Leading Container Ports of the World 2025”, elaborado por DNV y Menon Economics.
Porque los puertos también tienen su propia monarquía. No llevan corona, de momento, pero sí mantienen una tradición y una autoridad silenciosa. Durante décadas, el trono se otorgaba por volumen: reinaba aquel que más contenedores movía. Una cuestión de pura aritmética. Pero el estudio de DNV y Menon deja claro que ese mundo ya no existe. Mover cajas sigue siendo importante, pero ya no basta con tener músculo; ahora hay que saber usarlo.
Ahí está la crisis del mar Rojo para demostrarlo, con flotas enteras que tomaron las de Villadiego por la ruta del cabo de Buena Esperanza, mientras que puertos que vivían medio aletargados, se encontraron, de repente, en el centro de la partida. Tocó improvisar, reordenar agendas, absorber barcos que llegaban sin avisar y evitar caer en la temida espiral de la congestión portuaria. Y como subraya el informe, no todos respondieron igual: unos se adaptaron con reflejos de superviviente y otros quedaron en posición perdedora antes de entender siquiera lo que estaba pasando.
El informe “The Leading Container Ports of the World 2025” organiza la competitividad en cinco pilares que, en este juego, equivaldrían a cinco casas nobles disputando el trono: los habilitadores, la conectividad, la productividad, la sostenibilidad y el impacto global. Y como en toda corte, cada casa tiene sus fortalezas y sus debilidades.