Menú
Suscripción

Un mundo “grim” para la logística

  • Última actualización
    22 junio 2026 14:58

La mayor parte de las ferias sirven para vender y comprar. Algunas, las mejores, también para pensar. Breakbulk Europe pertenece a esta última categoría. Los pabellones de Ahoy Rotterdam estaban, como siempre, llenos de empresas, proyectos, soluciones logísticas, navieras, puertos; de reuniones, saludos, encuentros y reencuentros; y muchos de los feriantes habituales sabemos también que, a menudo, las ideas más interesantes no están tanto en los stands, como en las conferencias.

Por eso lamenté no atender la ponencia inaugural de Ron Keller, exembajador neerlandés, economista y experto en geopolítica. Mientras él hablaba sobre el futuro del comercio mundial, yo atendía en Róterdam otros asuntos profesionales. Afortunadamente, la tecnología permite que, días después, cómodamente en mi puesto de trabajo, pudiera acceder por YouTube al mensaje de Keller, que, resume el espíritu que sobrevoló Breakbulk Europe 2026. Al menos, el de los menos optimistas.

La frase de Keller es sencilla y demoledora a la vez: “La era de la globalización sin restricciones ha terminado”. Sí, llevamos mucho tiempo escuchando cosas parecidas. Con la pandemia, las guerras, las sanciones, los aranceles, con el famoso “nearshoring”. Durante años hemos repetido que la globalización estaba cambiando. Pero quizá hasta ahora creíamos que, tarde o temprano, volveríamos a la normalidad anterior.

Keller cree que no, que la gran economía global integrada que hemos conocido durante los últimos 35 años está dando paso a un mundo más fragmentado, más incierto y menos predecible. Un mundo en el que las mercancías seguirán moviéndose, pero con mayores dificultades y con mayor riesgos. Keller define este escenario como un nuevo orden mundial “grim”. La traducción literal sería algo así como sombrío, lúgubre o inquietante. No es una palabra elegida al azar. Refleja un mundo donde los conflictos sustituyen a la cooperación, donde las reglas que durante décadas impulsaron el comercio global pierden eficacia y donde la incertidumbre deja se convierte en la norma.

El factor diferencial vuelve a ser la persona

Mientras escuchaba en diferido sus palabras no podía evitar pensar en el estrecho de Ormuz. Estos días, la posibilidad de nuevas tasas, seguros obligatorios y mayores costes para los buques que transitan por uno de los principales cuellos de botella del comercio mundial parece dar la razón al exdiplomático neerlandés. Lo que ayer era una hipótesis geopolítica hoy empieza a reflejarse en las pólizas de seguros, en los costes del transporte marítimo y en las decisiones de inversión.

Sin embargo, Keller no se limitó a dibujar un panorama oscuro. También ofreció tres pistas para navegar en él: revisar las cadenas de suministro y acercarlas cuando sea posible; diversificar proveedores y mercados; invertir en las relaciones humanas. Porque aquí llega una de las paradojas más llamativas. En una época dominada por la IA, el análisis de datos y los algoritmos predictivos, Keller sostiene que el factor diferencial vuelve a ser la persona. Recomienda cenar con los socios, conocerlos mejor, comprender sus culturas y construir vínculos que vayan más allá de un contrato firmado. Incluso llegó a afirmar que la conciencia intercultural será profundamente importante durante las próximas décadas.

Quizá por eso eventos como Breakbulk siguen teniendo tanto valor. Porque detrás de cada proyecto, de cada carga y de cada operación logística siguen existiendo personas. Puede que Keller tenga razón y que estemos entrando en ese mundo “grim” que describió en Róterdam. Un mundo más fragmentado, más complejo y menos predecible. El mundo quizá se encoge. La capacidad humana para tender puentes, afortunadamente, no tanto.