Somos los suricatas seres apegados a nuestros instintos. Por eso, titulares del tipo “DHL impulsa la vibración controlada para el manejo de cargas pesadas” hacen implosionar nuestros universos oníricos, ya que si no es necesario abundar en detalles sobre las ventajas de la vibración para determinadas facetas de nuestra vida, cómo no celebrar que se aplique a algo tan maravilloso y querido como la logística, mediante “una técnica que reduce la fricción y la resistencia al movimiento de cargas mediante vibraciones resonantes”. Todo un estímulo.
Ahora bien, ya que hablamos de estimulación, la que no tiene parangón es la que aplican algunos personajes públicos en estos actos sociales en los que se les encarga presentar al invitado principal de turno.
Descarga el lisonjero tal cantidad de almíbar y merengue sobre el protagonista, se le estimula de manera tan desaforada su mismidad más íntima y se le sepulta de tal forma con ditirambos orgiásticos que lo habitual es que cuando le toca al interfecto tomar la palabra, primero deba tragar saliva, luego tartamudee y, al final, pida disculpas, pues pocos seres humanos pueden soportar tanto placer en los oídos.
En el fondo, semejantes panegíricos nos cuentan poco del protagonista y nos dicen mucho de quien se desahoga con estos excesos.