Periodos de 4 o de 30

Paco Prado

Hay quien sueña con un mundo en el que le sigan trayendo a casa, a los mismísimos, todo lo que desee, cobrándolo todo (será por dinero), menos el transporte. Pueden pagar lo que les pidan por la última chorrada llegada a Amazon, pero no quieren poner ni un céntimo para quienes se encargan de que lo tenga mañana mismo mismamente en los mismísimos.

| 6 septiembre 2019 - Actualizado a las 05:20h

La distorsión mental de unos y otros hace que la sociedad sea cada vez más exigente con el transporte y sus plazos de entrega, pero no esté dispuesto a pagar nada, en ningún aspecto, por ese servicio. Pensará el somnoliento lector, logísticos en su totalidad, que hemos tocado fondo en este asunto de la minusvaloración del transporte. Pero no. La ignorancia es atrevida y siempre se acaba superando. Ahora también piden, pregoneros y políticos, que los medios de transporte no hagan ruido, no gasten combustible y no usen ni sus carreteras ni su cielo. Que sean cada vez más eficientes y más puntuales, pero sin existir. Fuera los puertos, los camiones, los aviones y los barcos, indeseables fuentes de contaminación y molestias. Ahora, eso sí, la comida, la ropa, los medicamentos y las chorradas, las siguen queriendo cada vez más cerca, cada vez más pronto.

Nos vamos superando. No es que a la logística no se la valore con la importancia máxima que tiene para mantener nuestra calidad de vida, sino que se le pide cada día más y más, mientras se le exige que no exista.

Y no es la primera vez que vivimos puntas de sinrazón como las que nos vuelve a tocar vivir estos días. Las declaraciones poco menos que apocalípticas contra la Ampliación Norte del Puerto de Valencia nos recuerdan que ya ha ocurrido otro tanto de lo mismo, por ejemplo, cuando se debatía sobre la Ampliación Sur. El no conocer la historia ha servido no ya para repetir la metedura de pata, sino para superarla. Aprovechando que no había fútbol ni actividad política ni grandes sucesos, se han dedicado a entretenerse este verano atacando a la Ampliación y al Acceso Norte, como sus antecesores hicieron con la Ampliación Sur, la instalación del almacén de hidrocarburos, la ZAL y cualquier proyecto que se meneara en el Puerto de Valencia. Si decimos que esto es lo de siempre, para saber qué pasará, propongo echar un vistazo atrás y ver qué pasó en anteriores ocasiones. Ahí está la foto de Eduardo Zaplana, presidente de la Generalitat en aquel marzo de 1999, inaugurando, con orgullo y satisfacción, la misma Ampliación Sur a la que su partido se había opuesto con tanta ferocidad como falta de respeto y de conocimiento. ¿Les suena la situación?

La Ampliación seguirá adelante, por suerte para el área de influencia del Puerto de Valencia. Posiblemente la inaugurará uno de estos que tan poco respeto le tiene. La única esperanza que nos queda, por aquello de no estomagarnos, es que ya no estén los mismos cuando se corra la cortinilla.

La clave, el problema y la solución, son los tiempos. La Ampliación Sur se acabará completamente este año, treinta años después de comenzarse. Da auténticos escalofríos que este tipo de inversiones, totalmente vitales para la zona, puedan estar en manos de quienes miden sus tiempos en periodos de cuatro años.

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