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Responsables, o no

Los humanos, y algunos seres derivados, tenemos tendencia a echar balones políticos fuera siempre que la situación lo requiere. Sin duda, es lo más cómodo, lo que menos duele y lo que menos compromete.

  • Última actualización
    08 octubre 2019 18:17

Cuando establecemos un diálogo en torno a la situación política que vive el país, el 99% de las conversaciones acaba con todo tipo de piropos y dedicatorias hacia la clase política, a su incapacidad para ejercer su trabajo y a la cansera que producen unos discursos vacíos e hipócritas.

Y ya está. Ahí nos quedamos. Preocupa más una hipotética “llamada” a engrosar las filas de las mesas electorales que  el desgobierno y la inestabilidad que provoca una situación como la que vivimos.

Tenemos que empezar a pensar que la culpa es nuestra. Que somos los primeros responsables de esta situación. Si tenemos unos políticos que no son capaces de hacer bien su trabajo, tenemos que cambiarlos.

Debemos ser consecuentes con lo que hemos votado y comprobar si aquello por lo que dimos nuestro favor a un partido o a otro, está siendo respetado o si se lo han pasado por donde les ha dado la gana.

Tenemos una idea errónea de lo que significa la política si lo fiamos todo a los políticos. Somos nosotros los primeros y los últimos responsables de la situación, así que si no estamos de acuerdo, no nos queda otra que arremangarnos y utilizar todo cuanto esté a nuestro alcance para variar la situación: el voto.

Y digo más. Como ciudadanos tenemos la obligación, aunque sea moral, de involucrarnos y de transmitir lo que pensamos. Subrayo: siempre se trata de comunicar y de compartir pensamientos, nunca de tratar de imponerlos o intentar achantar a los demás a fuerza de golpes en la mesa, la auténtica debilidad de los mediocres incapaces de argumentar y de asumir el pensamiento crítico.

Cuando un menor pregunta curioso a sus mayores por qué se tienen que repetir unas elecciones, la respuesta nunca debería ser que es “por culpa del inútil este o de este otro”; la culpa es nuestra.

Y lo mejor de todo es que, aunque sea a través de un proceso lento y tedioso, afortunadamente podemos cambiarlo.

Vivimos tiempos de inevitable espera y no nos queda otra que seguir tirando del carro mientras otros se dedican a lo suyo.

La incertidumbre actual no sólo está generada por la situación política, sino que hay otras muchas variables que están influyendo, y mucho, en el comportamiento de la economía. Los avisos más o menos certeros de una inminente crisis están provocando que muchos se planteen levantar el pie del acelerador, aunque todavía no estemos llegando a pisar el freno.

Así, frente a esa desaceleración, conviene afrontar de nuevo el futuro con una visión muy crítica, ajustando los procesos y multiplicando nuestro interés en la lectura de la cuenta de resultados.

Sigo pensando que la información es poder. Cualquier empresa que necesite tomar decisiones está obligada a disponer de la máxima información posible,  ya no sólo de todo lo que ocurre en el exterior, sino de lo que pasa dentro, en su propia casa. Esto también es un ejercicio de responsabilidad. Por supuesto.