VALENCIA. Para el economista, las cadenas de valor globales se están adaptando con “flexibilidad y agilidad” a las nuevas disrupciones mundiales, como la que afecta en estos momentos a Oriente Medio y, en concreto, al Estrecho de Ormuz. Ante esta situación, Vicente Pallardó ha demandado una rápida resolución del conflicto, y ha subrayado que, “aunque por el momento no estamos notando en demasía las consecuencias de esta situación, de prolongarse podría suponer un importante impacto en la economía mundial”.
Pallardó ha hecho estas declaraciones durante un nuevo almuerzo-coloquio organizado por Propeller Valencia, que ha tenido al economista como invitado y protagonista.
Para Pallardó, una de las claves que definirán la evolución de la economía mundial son los cuellos de botella, y no sólo los geográficos. “Los cuellos de botella aumentan”, ha subrayado, poniendo especial atención al Estrecho de Malaca, entre China y Taiwán. Asimismo, ha puesto encima de la mesa condicionantes como la intención de China de quitar peso al dólar como moneda de transacción económica internacional, la fabricación de microchips o incluso la importancia de los cables submarinos, a los que ha tildado de “extremadamente vulnerables”.
Durante su intervención, Pallardó ha analizado las consecuencias de las políticas económicas de Donald Trump, como el elevado nivel de la deuda de Estados Unidos, la pérdida del peso de los organismos multilaterales, la tendencia a la desregulación del sistema financiero o de la IA, “algo que supuso la crisis financiera de 2008”.
Por otro lado, Pallardó ha defendido el papel que debe jugar la Unión Europea en el nuevo orden mundial, y ha criticado que la utilización de la fuerza está ganando la batalla al multilateralismo. Con todo, ha abogado por mantener el orden actual para no acabar en un “desorden completo mundial o viendo cómo las potencias emergentes como China, India o Rusia acaban repartiéndose el mundo”.
A pesar de este contexto, Pallardó ha subrayado que la economía y el comercio mundial siguen creciendo, una situación que ha achacado al “esfuerzo extraordinario de adaptación y flexibilidad de las empresas”, la “marcha atrás de la Administración de Estados Unidos en muchas de sus decisiones”, así como el rol de contención jugado por el resto de países ante la apuesta arancelaria de Trump y las políticas fiscales y monetarias expansivas, aunque ha advertido en este último caso que “no son sostenibles en el tiempo”.