La nueva geoestrategia obliga a sustituir eficiencia por resiliencia logística
La sucesión de crisis geopolíticas, climáticas y operativas ha convertido la volatilidad en un factor estructural de las cadenas de suministro y obliga a empresas, navieras y terminales portuarias a revisar modelos diseñados durante décadas para maximizar eficiencia, rapidez y costes. Esa fue la idea común de las intervenciones de José Ignacio García Murillo, director de Supply Chain de Renault Iberia; Elías García, Senior Advisor de COSCO Shipping Ports; y Javier Marín, Head of Landside-South West Europe and Maghreb de Maersk.
García Murillo sintetizó la transformación experimentada por la automoción con el tránsito del “just in time” al “just in case”. Tras años de crisis encadenadas, “donde antes el coste era el vector más importante, ahora la capacidad de respuesta y la resiliencia pasan a ser el vector determinante” de las decisiones. El aumento de stocks ha sido una primera protección, aunque el futuro exige otra gestión de los transportes. García Murillo señaló las autopistas ferroviarias como una oportunidad para conectar puertos, hinterlands y centros de consumo, además de las posibilidades de la inteligencia artificial, los agentes automatizados, las torres de control y los gemelos digitales. Una estrategia articulada en cinco ejes y con diferentes horizontes debe reforzar visibilidad, tecnología, proveedores y capacidad de reacción: “La volatilidad ya es estructural, no algo puntual. Tenemos que dimensionarnos para esa volatilidad”, advirtió. En este sentido, desde las terminales, Elías García coincidió en que un modelo extremadamente ajustado a costes y tiempos ha reducido los márgenes para responder a las crisis. “Ahora debemos combinar la eficiencia con la resiliencia”, resumió, una transformación que exige reservas de espacio, duplicidad de equipos e inversión adicional.
Vulnerabilidades en terminales portuarias
García identificó cuatro grandes vulnerabilidades: alteración de las rutas marítimas, fenómenos climáticos, problemas en los accesos terrestres y creciente dependencia de los sistemas digitales. La ruptura de las frecuencias regulares genera congestión y prolonga las estancias de contenedores, mientras cualquier bloqueo ferroviario o viario dificulta la evacuación de mercancías. “El puerto, como toda cadena logística, depende de su eslabón más débil”, recordó, reclamando mirar más allá del muelle y reforzar la conectividad terrestre.
A ello sumó dos dependencias llamadas a ganar protagonismo: energía y digitalización. Electrificar muelles y equipos exigirá más potencia y fiabilidad del suministro, mientras automatización y plataformas telemáticas incrementarán la importancia de proteger sistemas y datos. García defendió asimismo el modelo concesional español como instrumento para movilizar inversión privada manteniendo el control público sobre infraestructuras críticas, incluso ante capital extranjero.
Por su parte, Marín Calderón trasladó el análisis a las rutas marítimas. “Las amenazas existen, han existido y seguirán existiendo. Tenemos que convivir con ellas diariamente”, afirmó.
Frente a la idea de responder añadiendo barcos o aumentando su velocidad, Marín Calderón defendió modelos capaces de adaptarse, como la apuesta de Gemini por rotaciones más cortas, hubs y una estructura modular que permite desconectar escalas afectadas sin comprometer toda la red y mantener niveles elevados de fiabilidad.
Las tres perspectivas confluyeron en la idea de que la ventaja competitiva ya no dependerá únicamente de coste, rapidez y productividad, ya que puertos, navieras e industria deberán anticiparse, disponer de alternativas y, sobre todo, conservar capacidad suficiente para reaccionar y seguir operando cuando llegue la siguiente disrupción.