El proyecto del túnel del Estrecho de Gibraltar, tantas veces anunciado y tantas otras olvidado, vuelve a ocupar la agenda política y técnica de España y Marruecos. La idea, que lleva más de medio siglo sobre la mesa, consiste en construir un túnel ferroviario entre Punta Paloma (Tarifa) y Punta Malabata (Tánger), atravesando una de las zonas marítimas más complejas del planeta. La infraestructura tendría unos 42 kilómetros de longitud total, con cerca de 28 kilómetros bajo el fondo marino, convirtiéndose así en uno de los túneles submarinos más largos y profundos del mundo.
La propuesta actual contempla un sistema de dos túneles ferroviarios paralelos destinados a pasajeros y mercancías, acompañados de un tercer túnel de servicio para emergencias, ventilación y mantenimiento. El trazado elegido aprovecha el Umbral de Camarinal, el punto menos profundo del Estrecho, aunque aun así presenta retos geológicos considerables: corrientes intensas, actividad sísmica, estratos rocosos irregulares y una diferencia de salinidad entre el Atlántico y el Mediterráneo que condiciona la ingeniería.
“Técnicamente viable”
El liderazgo técnico está dividido entre SECEGSA por parte de España, y la SNED por parte de Marruecos. Ambas sociedades estatales mantienen reuniones bilaterales periódicas y han reactivado el intercambio de datos geológicos, sísmicos y tecnológicos tras un largo periodo de inactividad. El proyecto toma nuevo aire desde 2023, cuando los dos gobiernos declararon su intención de “acelerar los estudios” y coordinar una hoja de ruta compartida.
En 2025, un estudio de la ingeniería alemana Herrenknecht confirmó que, con la tecnología actual, el túnel es técnicamente viable, despejando una de las dudas históricas. Paralelamente, España ha encargado a la ingeniería pública Ineco el diseño detallado del túnel exploratorio, un conducto experimental que permitirá perforar una franja del subsuelo marino real para analizarlo en condiciones operativas. Este diseño deberá estar listo en el verano de 2026 y, si ambos países lo aprueban, el túnel piloto podría licitarse en 2027.
Una inversión de enorme magnitud
El coste estimado de la parte española ronda los 8.500 millones de euros, aunque el proyecto completo superaría ampliamente esa cifra. A pesar de la magnitud de la inversión, sus defensores subrayan que la conexión fija cambiaría para siempre las relaciones económicas entre Europa y África. Abriría un corredor ferroviario que permitiría el movimiento masivo de mercancías y pasajeros sin depender de ferris, reduciría los tiempos logísticos en el Estrecho y conectaría las redes de alta velocidad de ambos países. Además, impulsaría el desarrollo industrial en ambos márgenes y reforzaría el papel geoestratégico de Marruecos como puente africano hacia Europa.
El túnel sigue siendo un desafío monumental, pero por primera vez en décadas avanza con una dirección clara para convertirse en el núcleo de un nuevo corredor logístico euroafricano que redistribuiría tráficos y márgenes en todo el Estrecho.