“En memoria y reconocimiento de todos aquellos que, con su duro trabajo hicieron posible lo que es el Puerto de Valencia en la actualidad”. Así reza el pequeño monolito inaugurado hace unos días en la dársena valenciana en un sencillo acto organizado por el Club de Jubilados SOMT, y que reunió a estibadores valencianos de varias generaciones en un emotivo y sencillo acto.
VALENCIA. El monolito, instalado junto al Monumento al Estibador Portuario, ya forma parte del paisaje del Puerto de Valencia, al igual que ya forma parte de la historia del enclave profesionales como “Cabo”, “Armaor”, El Sereno”, “Capitán Maraña”, “Palleter”, “Tonellaes”, “El Conde” o “Tiburón”, entre otros muchos, apodos por los que se conocía a los profesionales que trabajaron desde 1973 y 1974 como estibadores en el puerto valenciano. Si bien el monumento al estibador rinde homenaje a la profesión, el monolito sirve para poner nombres y apellidos a esos estibadores.
El pasado martes se reunieron allí decenas de trabajadores portuarios de varias generaciones en un evento en el que “se recordó y se rindió homenaje a todos los que a comienzos de la década de los años 70 del siglo entramos a trabajar como estibadores en el puerto”, tal y como reconoce a Diario del Puerto el presidente de Club de Jubilados SOMT, Rafael Sanz. Y también, porqué no, “para reencontrarnos todos aquellos que hace décadas compartimos muchas horas en los muelles”.
El acto sirvió para recordar cómo se llevaba a cabo el trabajo de la estiba en los años 70 del pasado siglo
El acto también sirvió para rememorar cómo se llevaba a cabo el trabajo de la estiba en los años 70 del pasado siglo, una labor “mucho más penosa y peligrosa que hoy en día, sin tanta presencia de las máquinas, que nos pasó mucha factura a todos los que formábamos el colectivo”. Antes, como recalca Rafael Sanz, “era todo brazo y espalda”. Pero matiza: “Con esto no quiero decir que el trabajo hoy en día sea fácil, también hay tareas manuales que requieren de un gran esfuerzo”.
Todos aquellos que iniciaron su trabajo como estibadores en los años 70 del siglo pasado tienen una cosa en común: han sido testigos de la evolución que ha vivido la profesión, una transformación que ha supuesto pasar de descargar sacos y troncos a manejar grúas de gran tamaño.