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50 millones de habitantes: mírame y no me toques

  • Última actualización
    12 mayo 2026 05:20

España va camino de los 50 millones de habitantes. Cifra redonda que, si la comparamos con la población de otros países, puede que no sea muy grande, pero que pone sobre la mesa la realidad que vivimos por mucho que algunos se empeñen en negarla. Los flujos migratorios y el crecimiento del turismo internacional hacen que sea muy factible que, al acabar este año 2026, nuestro país se marque un nuevo hito poblacional. Sin embargo, la gran duda es si las infraestructuras españolas están preparadas para afrontar este reto; llegar a los 50 millones de habitantes tiene sus derivadas, que no son pocas.

La primera es que, mientras el número de ciudadanos ha ido creciendo de manera paulatina a pesar de tener una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, la inversión pública ha transitado el camino inverso. De hecho, el peso que ha tenido esa inversión pública en el crecimiento del PIB en los últimos años ha sido desigual, pasando del 35% entre los años 2014 y 2019 a algo más del 21% entre 2021 y 2025, y ello a pesar de los Fondos Next Generation que han llegado desde Europa en los últimos años, que no han logrado incentivar tanto como se hubiera querido la inversión privada.

Las infraestructuras de transporte ha sido uno de los sectores más afectados por esta situación. Carreteras y ferrocarril acusan más que otras infraestructuras una mayor utilización por parte de particulares y empresas. El aumento de la población hace crecer el consumo y, por tanto, la demanda de servicios de transporte de mercancías por carretera. Por su parte, los operadores ferroviarios de mercancías siguen compartiendo en muchas zonas de la red nacional espacio con los pasajeros, algo que, por un lado, impide su desarrollo y, por otro, aumenta la presión sobre unas infraestructuras que en muchas zonas están en una situación de “mírame y no me toques”. Es lo que tiene dedicar ingentes recursos a la alta velocidad olvidando lo demás.

El cortoplacismo hace imposible un debate sereno sobre la política que necesita España en materia de infraestructuras

En este punto sería una falacia decir que no se está invirtiendo nada en el mantenimiento y renovación de las infraestructuras de transporte terrestres. Sin embargo, cunde la sensación de que tal vez no se esté haciendo lo suficiente ni con el ahínco que debiera. Hoy día se hace más necesaria que nunca una verdadera apuesta por la planificación de estas infraestructuras, una planificación a largo plazo que requeriría una estrategia de país. Porque una cosa está clara: una red deficitaria de carreteras e infraestructuras ferroviarias perjudica seriamente a la economía y resta competitividad a nuestro sector logístico.

Desgraciadamente, aventuro que ese pacto y esa estrategia quedarán en nada. Primero porque, a pesar de que en ocasiones anteriores se ha intentado, nunca se ha estado ni remotamente cerca de que nuestros representantes públicos se pusieran de acuerdo no en el objetivo, sino ni siquiera en cómo abrir ese debate. Y segundo porque, desgraciadamente, nos encontramos en un momento en que el cortoplacismo impide que podamos mirar más allá de unos meses vista, algo que hace imposible un debate sereno sobre la política que necesita España en materia de infraestructuras.

España corre el riesgo de morir de éxito. Llegar a los 50 millones de habitantes puede ser bueno, pero para digerirlo hay que contar con infraestructuras que puedan soportarlo. Sobre todo, teniendo en cuenta que nuestro país es una de las primeras opciones para la creciente y pujante industria automovilística china, que tiene previsto movilizar una cantidad ingente de inversiones para hacer de España uno de los principales hubs logísticos en Europa. Pensemos por un momento si estamos preparados. ¿Lo estamos?