Hace años que el transporte de mercancías por carretera vive una situación compleja y complicada. Compleja porque ya no se trata únicamente de transportar una mercancía de un punto “A” a un punto “B”. Complicada porque, a pesar de su esencialidad, ya no se trata únicamente de lograr una rentabilidad aceptable, sino de prácticamente sobrevivir al día a día. Si hablamos de transporte frigorífico, pues la cosa se complica un poco más, porque a sus problemas específicos de esta tipología tan concreta de transporte se suman los retos estructurales como la falta de conductores, la dificultad a la hora de repercutir la presión de los costes en las tarifas de los servicios prestados o las situaciones que tienen que vivir día sí y día también en zonas de carga y plataformas logísticas.
Hablando recientemente con José María Arnedo, presidente de ATFRIE y una de las voces más autorizadas para analizar lo que le pasa hoy en día al transporte frigorífico por carretera, quedaron varias cosas claras. La primera y principal, es que el sector está en un momento en que la paciencia se ha agotado. Ya sé que esta no es la primera vez que suenan las alarmas, que hace años que asociaciones y empresas ponen el grito en el cielo, aunque al final nos parezca que todo se reconduce. Y parece que se reconduce, admitámoslo, porque a pesar del impagable trabajo del asociacionismo, el colectivo no acaba de concienciarse de la fuerza que tendría si para lo esencial estuviera unido, y al final cada uno acaba haciendo la guerra por su cuenta. No son pocos los empresarios y representantes de asociaciones los que han reconocido en público y en privado a lo largo de los últimos años esta situación. Dicho esto, harían bien los poderes públicos en tomarse en serio estas advertencias. En los momentos actuales, una economía como la española tan dependiente del transporte frigorífico por carretera no puede permitirse unas movilizaciones que dejarían miles de camiones parados y una industria y una población con problemas de abastecimiento.