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Creámonos lo de las autopistas ferroviarias, por favor

  • Última actualización
    21 abril 2026 05:20

¿Es la falta de conductores profesionales un desafío irresoluble para el sector del transporte por carretera? Haciendo gala de un notable optimismo, responderé que no, porque quiero pensar que las medidas que está tomando el propio sector darán sus frutos a medio y largo plazo. No obstante, y siendo realista, puede ser que el problema quede sin respuesta.

¿Podrían ser las autopistas ferroviarias parte de la solución? Siguiendo un marco exclusivamente teórico, diremos que sí. Primero, porque el camión sigue en la ecuación al ser necesario transportar el remolque hacia la terminal intermodal y desde ésta al destino final. Además, al subir el remolque al tren, el conductor se ahorra recorrer grandes distancias, facilitando la conciliación familiar. El problema es que cuando salimos de ese plano teórico, la realidad se impone. ¿Son necesarias las autopistas ferroviarias para aumentar la cuota de transporte ferroviario de mercancías? Obviamente, sí. Como decíamos, esta alternativa necesita de la carretera para tener éxito, y necesita que las empresas de transporte por carretera se conciencien que tienen en las autopistas ferroviarias un aliado, no un enemigo. ¿Tienen capacidad de crecimiento? Totalmente, sobre todo porque en España queda mucho por hacer en este capítulo, sobre todo si nos comparamos con otros países de nuestro entorno. Pero tampoco sería justo decir que estamos con los brazos cruzados. La autopista ferroviaria que en estos momentos hay en marcha entre Valencia, Madrid y Portugal es un ejemplo a seguir, es un espejo donde comenzar a mirarse. Además, son numerosos los proyectos que hay en proceso de ser una realidad en diferentes partes de la geografía nacional, impulsados por sectores productivos que demandan este tipo de soluciones intermodales. ¿Están dispuestos los cargadores a subirse a esas autopistas ferroviarias? Sí, aunque por el momento sólo en el plano teórico.

En España queda mucho por hacer en el desarrollo de las autopistas ferroviarias

Y digo sólo teórico porque, en este momento del proceso, lo que hace que los cargadores todavía sean reacios a subirse al tren -y por tanto a las autopistas ferroviarias- es la falta de fiabilidad, flexibilidad y fiabilidad. Nos guste o no, la realidad es que el ferrocarril no puede competir con la flexibilidad que ofrece la carretera. Y aunque podría pensarse que los horarios preestablecidos del tren serían un indicio de fiabilidad, de nuevo, la realidad nos dice que no siempre es así. Las obras de mantenimiento o mejora en numerosos puntos de la red y los consecuentes cortes no ayudan a mantener la regularidad del servicio; además, muchas veces las alternativas son totalmente inasumibles para operadores y cargadores, ya que suponen más distancia a recorrer y, por tanto, un aumento de los costes que no es sostenible durante largos períodos de tiempo. La climatología tampoco ayuda a mantener esa fiabilidad. Los episodios climáticos extremos, cada vez más frecuentes, tensionan unas infraestructuras cuya planificación inicial no tuvo en cuenta las consecuencias del cambio climático. Por no hablar de casuísticas más estructurales, como el hecho de que pasajeros y mercancías comparten en muchas ocasiones la misma vía -ya saben eso de que las mercancías no votan-; los problemas de interoperabilidad y el diferente ancho de vía que limitan la proyección internacional de los servicios; o las limitaciones que sufre la red actual en temas de gálibo.

Las autopistas ferroviarias son estratégicas para la descarbonización del transporte terrestre, pero para que eso sea una realidad es necesario, antes que nada, consolidar frecuencia, flexibilidad y fiabilidad, algo que, por el momento, se antoja complicado.