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¿Cuándo se interesará Trump por la Ruta del Ártico?

  • Última actualización
    20 enero 2026 05:20

Si levantarse los lunes ya es de por sí complicado, imaginen los del último año. Los que andamos pegados a la actualidad y encendemos la radio por las mañanas lo hacemos con la incertidumbre de no saber qué se le habrá ocurrido al líder del mundo libre el día anterior. Desde aquel abril en que decidió iniciar una guerra comercial con prácticamente el resto de las economías del planeta, lo cierto es que no ha habido semana que no haya sido testigo de un anuncio y ocurrencia de Donald Trump.

En mayor o menor medida, Estados Unidos supone para el resto del mundo un mercado importante a tener en cuenta. Llevarse bien con quien ocupa el Despacho Oval de la Casa Blanca es una de las tareas prioritarias del resto de líderes mundiales. Por eso, puede llegar a ser entendible -hasta cierto punto- la aquiescencia con la que presidentes, primeros ministros y líderes de organismos internacionales han hecho gala ante los desmanes de Donald Trump, que se ve sin frenos ni contrapesos para seguir haciendo y deshaciendo a su antojo. El presidente de Estados Unidos busca equilibrar su balanza comercial, y lo quiere hacer reduciendo el papel de otras potencias como China en el comercio internacional. Sin embargo, con los datos en la mano, parece que la estrategia no está saliendo todo lo bien que el magnate desearía. El pasado año, la economía china creció un 5%, según los datos de su propia Oficina Nacional de Estadísticas, logrando un superávit comercial de -atención- alrededor de 1,2 billones de dólares.

A pesar de la inestabilidad global, las exportaciones chinas hacia la Unión Europea crecieron un 8% en 2025. Las cadenas de valor entre ambos mercados se sobrepusieron al cierre del Canal de Suez y ahora lo han hecho a los aranceles. Tanto China como la Unión Europea son conscientes de que es imposible ponerle puertas al campo, lo llevan en su ADN, y actúan en consecuencia. Trump, por el momento, parece que no.

No debemos descartar que el presidente de EEUU invente cualquier excusa para reclamar el control de esta ruta

Por eso, la paulatina vuelta a la normalidad que está experimentando el Canal de Suez en las últimas semanas, con la creciente presencia de grandes navieras, es una buena noticia, no sólo porque servirá para aumentar en un futuro los flujos comerciales entre Asia y Europa al reducir los costes de transporte, sino también porque puede suponer un baño de realidad para la Administración Trump, que tarde o temprano se dará de bruces con la realidad, o eso al menos me gustaría creer.

Por el momento, Donald Trump seguirá fiel a sí mismo, sería conveniente que lo tuviéramos claro para luego no llamarnos a engaño ni rasgarnos las vestiduras. Tras su operación venezolana y las advertencias que está lanzando día sí y día también sobre Groenlandia, no deberíamos olvidar las reiteradas ocasiones en que ha mostrado su interés por que Estados Unidos recupere el control del Canal de Panamá, lo que supondría elevar la tensión en una de las arterias más importantes de todo el comercio marítimo mundial. La ruta transpacífica es una de las más importantes de todo el mundo, y su evolución tiene una influencia elevadísima sobre el resto: un pico en la demanda entre Asia y Estados Unidos obliga a las navieras a reestructurar sus estrategias y recursos.

En un momento en que vuelve a estar sobre la mesa la navegación por la Ruta del Ártico, ¿cuánto tiempo creen que tardará Trump en “interesarse” por ella? Inicialmente, China y Rusia son las dos grandes potencias más directamente relacionadas con esta ruta, pero no debemos descartar que el presidente de Estados Unidos invente cualquier excusa para reclamar su control. ¿Saben dónde nos lleva eso, verdad?