El mundo cambia a una velocidad vertiginosa. Lo que hace una semana parecía un hecho indiscutible hoy no lo es tanto, y lo que parecía inamovible durante décadas hoy se vuelve frágil y propenso al cambio. Es un hecho incuestionable que vivimos tiempos en los que creer en verdades inmutables es una quimera. La apertura del Estrecho de Ormuz ha durado unas pocas horas -si es que alguna vez estuvo abierto de manera segura a la navegación- y Cuba ha comenzado a abrazar los postulados capitalistas que tanto rechazó años atrás.
Una de las muchas dudas que había en torno a la reapertura del Estrecho de Ormuz era saber cómo influiría el mantenimiento de los ataques de Israel al Líbano en la tregua acordada entre Estados Unidos e Irán. Si recuerdan, el primer punto de ese acuerdo era el cese de las hostilidades en la región, incluidas las que estaba provocando el Gobierno de Benjamín Netanyahu, sobre todo después de que Irán advirtiera que, de continuar con esos ataques, cabía el riesgo de que esas negociaciones se rompieran. Si bien parece cierto que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán se mantienen cogidas con pinzas, pero se mantienen, también lo es que Teherán ha decidido dar un golpe en la mesa e impedir de nuevo la navegación por el Estrecho, algo que no ha gustado a Donald Trump.
La gran incógnita es saber si las peticiones que ha realizado el presidente de Estados Unidos a Israel caerán o no es saco roto, porque de esa respuesta de Netanyahu dependerá que la navegación por el Estrecho de Ormuz se retome o no. De momento, ni navieras ni empresas cargadoras mueven ficha a la espera de que el panorama se aclare algo más. Es decir, seguimos igual que hace semanas.
Los cambios anunciados por Díaz-Canel abren la puerta a que el comercio desde y hacia Cuba crezca
En el Caribe, Cuba se abre al capitalismo. El anuncio hace unos días de Miguel Díaz-Canel, presidente cubano, de dar luz verde a una de las reformas más profundas que ha experimentado la ciudadanía de la isla desde la década de los 60 del pasado siglo supone un cambio de 180 grados en su maltrecha economía. A grandes rasgos, el Gobierno aprueba la apertura de esa economía al mercado, legaliza la banca privada y reestructura el monopolio estatal, además de poner fin a los subsidios universales y abre la puerta a devaluar la moneda las veces que sean necesario. Las empresas estatales darán entrada al capital privado, unas empresas estatales que deberán trabajar para no arrojar pérdidas si quieren asegurar su supervivencia. Y un paso muy importante: los municipios ganarán autonomía para poder exportar, importar y generar divisas, así como para gestionar inversiones extranjeras. Esta decisión tiene una derivada trascendental, porque supone desmontar uno de los pilares de la economía cubana, que no es otro que la omnipresencia del Estado en todos y cada uno de los procesos económicos, incluidas las relaciones laborales. Aunque hay operadores logísticos que ya trabajan en la isla, lo cierto es que los cambios anunciados por Díaz-Canel abren la puerta a que el comercio desde y hacia Cuba crezca, y con él, la presencia de empresas del sector logístico.
Como ven, las cosas cambian. En el caso de Oriente Medio, podría decirse que la situación se veía venir, a pesar de que deseemos la distensión en las relaciones geopolíticas en la región. En cuanto al segundo caso, no escapa a nadie que la situación en la isla era tan urgente que a los líderes cubanos no les ha quedado más remedio que ceder, sobre todo después del precedente de Venezuela.