“Lamento que en el recinto ferial Luis Adaro de Gijón no tengamos el mismo equipamiento que en el Roig Arena de Valencia”. Con esta frase, cargada de ironía y cierto derrotismo, el director de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), resumía la brecha entre dos Españas ferroviarias: la que llena un pabellón como el Roig Arena para defender el Corredor Mediterráneo y la que, en el norte, debate el futuro del Corredor Atlántico entre cortes de conexión y power points que no se cargan.
El contraste no es solo técnico ni de puesta en escena. El acto masivo en Valencia, con empresarios, instituciones y sociedad civil desplegando músculo comunicativo, es difícil de imaginar en Gijón, Vigo, León, Santander o Bilbao para reivindicar el Corredor Atlántico. Allí, el Mediterráneo se ha convertido en causa compartida; aquí, el Atlántico sigue siendo una suma de quejas territoriales más que un proyecto común. El pasado viernes, en el IX Foro de Transporte Multimodal que organiza Asetra en Gijón, los representantes de Castilla y León, Asturias y Galicia hablaron abiertamente de un corredor “al ralentí”, mientras el Comisionado del Corredor Atlántico, José Antonio Sebastián, replicaba con una cascada de datos, inversiones y proyectos para demostrar lo contrario: “las asimetrías se corrigen con presupuestos y con inversiones”.
Las cifras de Sebastián suenan contundentes: 3.023 millones de euros de inversión en el Corredor Atlántico en 2024, frente a una media de 653 millones anuales entre 2012 y 2018, y un esfuerzo que, según subrayó, triplica este año al del Corredor Mediterráneo. Pero al otro lado de la pantalla (literalmente, porque el Comisionado no acudió en persona a Gijón y su ausencia encendió el reproche del presidente de Asetra, Ovidio de la Roza) las comunidades del noroeste insistieron en lo que falta: planes directores claros, cronogramas creíbles y obras clave que ni siquiera han empezado. Galicia recordó que la electrificación entre Lugo, Monforte y Ourense debía estar lista en 2021 y sigue en el limbo; Castilla y León denunció cuellos de botella que impiden sacar mercancías por Irún o garantizar autopistas ferroviarias hacia Madrid; Asturias reclamó que la variante de Pajares y el Puerto de Gijón se acompañen de túneles y gálibos adaptados si de verdad se quiere poner camiones sobre el tren.