Siempre es agradable escuchar a gente que sabe de lo que habla. Carmelo González sabe de lo que habla, y además sabe cómo transmitirlo. Dice las cosas claras, argumentadas, sin estridencias, pero de manera contundente y comprensible para todo el mundo, esté al tanto de lo que pasa en el sector o no, y se esté de acuerdo o no con lo que dice. El presidente de la CETM desgranó la semana pasada ante los socios de Propeller Valencia los retos y los males que aquejan al sector. Bien es cierto que no dijo nada que los líderes patronales sectoriales no hayan dicho en decenas de foros, pero sí en los casi 15 minutos que duró su intervención no se olvidó de ninguno de los problemas que complican cada vez más a la carretera.
La falta de personal sigue siendo el problema central. Cuando hablamos de que la carretera carece de profesionales siempre nos vienen a la cabeza los conductores, pero nos olvidamos de que comienzan a escasear perfiles relacionados con la parte más operativa, tal y como el propio González se encargó de recordar. Hay que atraer talento, hay que hacer que los jóvenes se interesen por el sector. Y para eso hay que propiciar que toda la formación que tienen que cursar esos nuevos talentos sea accesible. El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible destinará un máximo de 3.000 euros por cada nuevo aspirante, con una dotación total de medio millón de euros. Puede ser que no sea suficiente, pero es un buen inicio. No sin cierta ironía, el presidente de la CETM agradeció el gesto, pero puso el dedo en la llaga: debe haber retorno de esa inversión, es decir, los jóvenes que consigan su carné y su CAP deben quedarse en el transporte, y no emigrar hacia otras actividades. La cuestión, por tanto, es saber por qué y actuar en consecuencia.
Este cambio de paradigma sigue descolocando al sector de la carretera
¿Es cuestión de aumentar salarios? Las empresas han hecho en los últimos años un verdadero esfuerzo por aumentar las nóminas de sus empleados, creyendo que un sueldo por encima de mercado serviría para retener talento y atraer nuevo. Tal vez esto sirviera hace unos años, pero hoy en día no es la variable más determinante, al menos para los más jóvenes. Ese nuevo talento no le da tanta importancia al dinero, sino que hay otras cosas con más peso, como tener más tiempo libre o mayor conciliación familiar. El trabajo ha dejado de ser un objetivo en sí mismo y ha pasado a ser una herramienta con la que poder tener una vida digna. Si ese trabajo me quita tiempo para estar con los míos o me resta tiempo de ocio, sencillamente se desecha.
Este cambio de paradigma sigue descolocando al sector de la carretera, sobre todo porque compatibilizar estas nuevas prioridades con la propia idiosincrasia del transporte es una tarea que, en ocasiones, es sencilla y llanamente imposible. En mi opinión, hace mal el sector en no amoldarse a esta situación, porque los más jóvenes no parece que vayan a cambiar esas nuevas prioridades. Para atraer nuevo talento no basta con subir salarios, no basta con sufragar la formación necesaria para desempeñar la profesión, no basta con campañas de promoción, no basta con más zonas de estacionamiento seguro. Todos estos son ingredientes importantes e indispensables, pero falta el más importante: entender a los que vienen detrás y actuar en consecuencia. Bien sé que ese entendimiento pasa por repensar las estructuras de las empresas y poner patas arriba axiomas que hasta ahora eran intocables, y eso, traducido al día a día, son más costes para un sector bastante apretado por la carga impositiva. Pero es que el sector se juega tener cada vez más camiones parados, se juega retrasos y pérdida de competitividad; en definitiva, se juega su futuro.