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Elogio (y algún que otro deber) del transitario

  • Última actualización
    26 mayo 2026 05:20

No hace muchos años, con el auge de los procesos de integración vertical, se puso en duda el futuro de las empresas transitarias, sobre todo de las pequeñas y medianas. ¿Para qué era necesario un eslabón de la cadena logística si, a la larga, la actividad del comercio internacional estaría en manos de grandes conglomerados empresariales, capaces de ofrecer un servicio que incluyera todos y cada uno de los pasos por los que transita la carga desde que sale de la fábrica hasta que llega al cliente final? Les he de reconocer que el que escribe estas líneas también se lo planteó, no porque creyera que el transitario no fuese necesario en el devenir del comercio internacional sino porque, a la larga, las tendencias acaban siendo imparables; hay casos en los que el tamaño sí importa.

Pero han seguido pasando los años. Ha habido absorciones; ha habido compras, ventas y reestructuraciones; ha habido disrupciones de la cadena logística; ha habido tensiones en las cadenas de valor global; ha habido shocks de oferta y de demanda; ha habido geopolítica; ha habido crisis financieras y energéticas; ha habido conflictos internacionales; ha habido olas proteccionistas y barreras al comercio internacional. En fin, han sucedido tantas cosas como para llegar a pensar que sólo los más fuertes y grandes sobrevivirían. Y, sin embargo, los transitarios siguieron, siguen y -me aventuro a afirmarlo- seguirán ahí.

Han sucedido tantas cosas como para llegar a pensar que sólo los más fuertes y grandes sobrevivirían

Puede resultar lógico que lleguemos a pensar que es este convulso escenario internacional, con sus adquisiciones y crecimientos empresariales, el que provoque a la larga la desaparición del transitario. Y es paradójico porque, en contextos como el actual, es cuando los cargadores y las empresas importadoras y exportadoras más lo necesitan. Las empresas transitarias, ya sean más grandes o pequeñas, disponen de un valor añadido, un as en la manga que les hace, por así decirlo, imprescindibles: su conocimiento al detalle de todos y cada uno de los mercados internacionales. Esto, que puede parecer una perogrullada, realmente no lo es. Ante un problema en la cadena de suministro, lo que el cliente quiere realmente y al final son opciones sobre las que tomar una decisión -porque, no lo olvidemos, quien debe decidir realmente si se escala en un puerto o en otro, si la carga permanecerá más tiempo del debido en una campa o almacén, es el cliente-. La visión panorámica de la que goza un transitario es una herramienta imprescindible en el comercio global, y más cuando ese comercio se ve amenazado día sí y día también.

Sin embargo, ese rol que juega el transitario en las cadenas de suministro globales no vale por sí solo para asegurar su supervivencia. Los operadores logísticos también tienen deberes por hacer. Lo primero, creerse ese rol y darle el valor que le corresponde a los servicios que prestan. Lo segundo, aunque no menos importante, es saber adaptarse a este contexto nacional e internacional que cambia tan rápidamente y que deja muy poco margen al error. En ese sentido, las nuevas tecnologías deben ser entendidas como una herramienta fundamental con las que mejorar procesos y ganar en eficiencia y agilidad, no como un enemigo. Y, sobre todo, y aquí da igual si se es un transitario grande, mediano o pequeño, es imprescindible ampliar las cadenas logísticas en las que se opera, con el objetivo de poder ofrecer al cliente todas las alternativas posibles de las que hablábamos unas líneas más arriba.

Podemos afirmar que el comercio global necesita a los transitarios, aunque de ellos dependerá asentar su futuro con garantías.