En apenas tres años se cumplirá el primer centenario del recinto histórico de Fira Montjuïc, el espacio de Fira Barcelona que fue construido en 1929 para albergar la Exposición Internacional de ese año celebrada en la ciudad condal y que dio paso, posteriormente, a la constitución formal de la Fira Internacional de Barcelona, cuyos antecedentes se remontaban a la Exposición Universal de 1888.
La feria cumplió con creces durante las décadas siguientes como coadyuvante para la proyección de Barcelona como centro económico, tecnológico y empresarial. De hecho, desde este espacio y durante casi 100 años, Catalunya ha mostrado al mundo su capacidad industrial, comercial, tecnológica y cultural, que es mucho decir.
Ahora, con la vista puesta en la celebración del centenario, se ha impulsado una profunda remodelación de todo este complejo ferial, una actuación que contempla nuevos pabellones, la renovación del Palacio de Congresos y una mayor integración urbana de Montjuïc con la ciudad.
Concretamente, se va a construir un nuevo Palacio de las Comunicaciones donde hoy se ubica el Palacio de Congresos; un Palacio de Congresos, en el actual Palau Alfons XIII, en la plaza de la Font Màgica y el nuevo Palau del Vestit, en la plaza de Espanya.
Lo bien cierto es que esta edición del SIL que esta semana estamos viviendo es la última que se va a celebrar en Fira Montjuïc. De hecho, no solo es la última edición, sino también el último evento ferial que van a acoger estas instalaciones con tanta solera. Como aquel que dice, el Salón Internacional de la Logística cerrará sus puertas mañana viernes y el lunes entrarán las máquinas a trabajar.
El SIL siempre está por encima de las circunstancias
Y el futuro más inmediato del SIL, por lo tanto, se escribe ahora con las letras de Fira Gran Via, el recinto que acogió la necesaria ampliación de las instalaciones de Fira Barcelona y que en alguna edición ya albergó al Salón Internacional de la Logística.
Es innegable que los espacios de Montjuïc han aportado cierto toque mágico a este certamen logístico, tanto por su imbricación con la ciudad como por esa estética singular que ha sido capaz de imponerse a las limitaciones de unas instalaciones que no han sido ajenas al paso del tiempo, obvio.
Desde su nueva ubicación en Gran Via, el SIL ganará en comodidad y prestaciones, beneficiándose de todas las ventajas de las que ya gozan certámenes feriales de primer nivel internacional que han encontrado su casa más cómoda en este espacio.
Para los más escépticos, quizás para aquellos que vivieron alguna edición del SIL en Gran Via, conviene recordar que lo que hay actualmente allí no tiene absolutamente nada que ver con lo que hubo años atrás a nivel de servicios, comunicaciones y ambiente ferial.
Pero por encima de todo, más allá de instalaciones, espacios diáfanos y todas esas historias, el SIL siempre está por encima de las circunstancias por lo que no hace falta decir que el éxito de la edición del año que viene también está asegurado. Creo firmemente que no son palabras huecas, la organización del salón es perfectamente capaz de convertir en aliciente o en oportunidad el nuevo emplazamiento del certamen ferial.
El SIL se ha convertido, por méritos propios, en uno de los principales escaparates logísticos de Europa y en uno de los grandes eventos internacionales organizados por el Consorci de la Zona Franca de Barcelona. Para el sector logístico español, ha sido además un punto de encuentro clave donde se han debatido cuestiones de primer nivel, se han trenzado muchas líneas de colaboración y trabajo e incluso se han diseñado estrategias y líneas de actuación que han fructificado con el paso de los años. Y será así, en Montjuïc o en Gran Via. No tengo duda.