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Esa música que es ayudar a los demás

  • Última actualización
    02 diciembre 2025 05:20

Imagino que a todos ustedes les gusta la música. Hablo de la música así, en general, sin entrar a valorar géneros ni estilos y ni muchos menos músicos porque, como decía el gran Joan Manuel Serrat, contra gustos no hay disputas. Visto desde fuera, y para los más legos en esto de crear sintonías, parece fácil ponerse ante un pentagrama e ir trasladando esa melodía que alguien puede tener en la cabeza a un papel. Nada más lejos de la realidad. La música tiene su parte de genialidad, cierto, pero también, y no es menos importante, su parte de constancia, estudio, trabajo, ensayo y coordinación. Personalmente, me impresiona lo mismo ver un grupo de tres miembros con batería, bajo y guitarra que una orquesta con decenas de instrumentos tocando al unísono, o una charanga en cualquier pasacalles dando un toque festivo y de color a las fiestas patronales. Muchas veces esos músicos simplemente sacan para gastos y poco más, para poder tener un pequeño sobresueldo. Pero lo que de verdad impresiona es ver todo ese esfuerzo volcado en un objetivo: hacer felices a los demás o, por lo menos, a través de ese arte, hacer olvidar por unas horas esos problemas y preocupaciones que todos tenemos.

Hacer feliz a los demás siempre cuesta trabajo, sobre todo si quien decide hacerlo es consecuente con el objetivo que persigue. Desde su nacimiento, este Diario ha sido testigo de la evolución que ha seguido una iniciativa como Coordinadora Solidaria, que tiene sus orígenes y razón en el corazón de un colectivo como es el de la estiba. A lo largo de todos sus años de actividad, Coordinadora Solidaria ha ido creciendo, ha ido ensanchando su acción social y, lo más importante, ha sabido escuchar a aquellos que necesitaban ayuda para darles las herramientas con las que ir siempre a mejor, hacia arriba.

A lo largo de todos sus años de actividad, Coordinadora Solidaria ha ido creciendo y ha ido ensanchando su acción social

Por cercanía, conozco la labor que ha desarrollado Coordinadora Solidaria Valencia prácticamente desde sus inicios -perdónenme en el resto del Estado enfocar este Punto de Fuga en Valencia-, y, como la música, visto desde fuera, y después de todos estos años, pareciera muy fácil gestionar, con ayuda y colaboración de otras empresas e instituciones públicas y privadas, un centro de formación y el proyecto “Cocinas Solidarias”, donde cada día se preparan más de 500 raciones de comida para otras tantas familias. Pero la verdad es bien distinta.

La realidad es que Coordinadora Solidaria Valencia no es una ONG al uso, ni es una gran fundación, ni es el típico comedor social. Es modesta, me atrevería a decir que casi familiar, pero no por ello deja de tener claro su objetivo, ni el camino que debe recorrer para conseguirlo. A pesar de recibir poca ayuda institucional -en comparación con lo que reciben otras entidades con una estructura mucho mayor-, todos y cada uno de los que allí desarrollan su labor lo hacen por convencimiento, porque creen que deben estar allí, invirtiendo un tiempo que a veces no tienen, todo con el objetivo de que el proyecto siga adelante. Por eso, hablar con Paco, Humberto, Arantxa, Carmen, Miriam, Raquel, Vicente, Rebeca o Victor -entre otros muchos- es hablar con un grupo de personas que se parece mucho a una orquesta. Después de tantos años, son expertos en lo que hacen, pero también son constantes, trabajadores, creativos, inquietos y forman parte de un engranaje perfectamente coordinado. Podría decirse que son músicos que sienten hasta el tuétano y se creen de verdad la melodía que tocan, esa música que no es otra que ayudar a los demás.