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España y Marruecos: un matrimonio de conveniencia mediterráneo

  • Última actualización
    05 diciembre 2025 15:35

Viajar de Algeciras a Tánger tiene algo de experiencia antropológica. Apenas 10 millas de mar que se cubren en 45 minutos de ferri, que en mi caso fueron 90 por elegir la marroquí Africa Morocco Link, y sin embargo, se tiene la sensación de haber cruzado un umbral invisible. Lo mismo desde el avión, en un parpadeo desaparece Europa y aparece África, dos mundos que conviven espalda con espalda. Tan cerca y tan lejos.

Esa dualidad explica por qué España y Marruecos mantienen una relación que avanza a trompicones, entre la necesidad mutua y la desconfianza crónica. El jueves, la XIII Reunión de Alto Nivel entre ambos gobiernos volvió a escenificar la liturgia. Moncloa anunció que no habría declaraciones conjuntas ni rueda de prensa. Transparencia, la justa. No es mal síntoma para calibrar el grado de sinceridad de este “matrimonio de conveniencia” mediterráneo.

Y mientras la política hace equilibrios, la logística va por libre. Marruecos llegaba a esta cumbre reforzado, con Tánger-Med como primer puerto del Mediterráneo en volumen con más de 10 millones de TEUs anuales y una eficiencia en lo más alto de los rankings internacionales, a lo que se suma una artillería portuaria en construcción: Nador West Med, Dakhla Atlantique y el emergente proyecto del puerto de Kenitra, cada uno con vocación de captar tráficos que hasta ahora se daban por “naturales” para España.

El resultado es un mapa que no se parece en nada al de hace veinte años: mientras los puertos españoles compiten entre sí por un contenedor más, Marruecos compite por cambiar las reglas del juego. Y lo está consiguiendo. Sin embargo, la proximidad también juega a favor de España, que sigue siendo el primer socio comercial de Marruecos, con intercambios de 22.700 millones de euros en 2024 y un flujo creciente de camiones y semirremolques que llenan la línea Algeciras–Tánger. Las empresas españolas encuentran en Marruecos un terreno fértil con mano de obra competitiva, una industria de automoción en expansión, corredores logísticos modernos y un pujante ecosistema industrial. Para las industrias y los operadores logísticos españoles, el “caladero marroquí” es cada vez más apetecible.

El Estrecho muestra que la distancia más corta entre dos puntos puede ser la más complicada

Pero toda oportunidad conlleva una amenaza. ¿Es Marruecos un socio confiable? La memoria histórica dice que la relación siempre ha mezclado la cooperación con los sustos: la Marcha Verde en 1975, el incidente de Perejil en 2002, la presión constante sobre Ceuta y Melilla, los episodios migratorios en Canarias y la frontera de Tarajal cada vez que Rabat quiere enviar un mensaje. La reciente resolución del Consejo de Seguridad sobre el Sáhara Occidental, respaldada de facto por España desde 2022, ha devuelto la iniciativa diplomática a Rabat, que llegó a Madrid con más comodidades que compromisos cumplidos: las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla siguen siendo más promesa que realidad y el control migratorio continúa siendo selectivo.

Aun así, España insiste en la tradicional “amistad hispano-marroquí”, que en el “Tratado de amistad, buena vecindad y cooperación entre el Reino de España y el Reino de Marruecos” de 1991, cita un proyecto para un enlace fijo por el Estrecho, que resucita periódicamente en forma de túnel como fantasía futurista. ¿Y si algún día hay túnel? ¿Quién saldría ganando? De momento, es ciencia ficción con estudios técnicos.

La relación con Marruecos es indispensable y desconcertante. Un socio que abre oportunidades logísticas inmensas, pero que nunca deja de recordarnos nuestra vulnerabilidad. Tan cerca y tan lejos, como cuando uno cruza el Estrecho y descubre que la distancia más corta entre dos puntos puede ser también la más complicada.