Cuando escribo estas líneas de este último Punto de Fuga antes de las ansiadísimas vacaciones de verano, no hace mucho calor. Por el momento, y hasta que estalle una nueva ola de calor, se puede andar por la calle sin necesidad de estar pensando cada dos por tres en tu aparato de aire acondicionado. Pero sabemos que no durará, sabemos que tarde o temprano deberemos enfrentarnos a un brusco cambio de temperaturas, a un calor insoportable que nos impide disfrutar en ciertas horas del día de nuestro merecidísimo descanso y que, no sé ustedes, pero a mí particularmente me agria un poco el carácter porque, a pesar de todos los intentos por escapar de ese calor, me es totalmente imposible. Qué quieren que les diga, prefiero el frío.
De todas formas, me he propuesto disfrutar este año del mes de agosto. A pesar del calor que pueda hacer. A pesar de todos aquellos que se empeñan, ya sea con toda la intención o simplemente sin proponérselo, en estropearte tus momentos de descanso. A pesar de los vecinos con derecho -eso piensan ellos- a trastocar tu sacrosanta paz y tranquilidad porque, oye, estamos en verano y flota en el ambiente una especie de carta blanca para fastidiar al prójimo. A pesar de esos conductores que conducen como si la red nacional de carreteras fuera su campo de pruebas, y se sienten en la necesidad de hacerte ver que tus 120 kilómetros por hora son irritantes hasta la extenuación; inasequibles al desaliento, son esos que lanzan las luces largas porque, en un momento dado, al adelantar por la izquierda cortas su evolución y les rompes la media de velocidad que tan arduamente les ha costado conseguir. A pesar de la masificación y de la gentrificación en la que se ha instalado nuestro sistema turístico actual, un sistema en el que sentarte simplemente a tomar un helado en cualquier heladería se convierte en un deporte de alto riesgo. A pesar de los incendios que asolan nuestro país, que se repiten año tras año con el prácticamente el mismo patrón y cuya prevención sigue siendo nuestra gran asignatura pendiente a la espera de si zanjamos el debate en si son galgos o son podencos.