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Habrá que empezar a desguazar

  • Última actualización
    10 febrero 2026 05:20

Lograr un equilibrio entre oferta y demanda es complicado. Ese teórico equilibrio es el que estabiliza los precios, maximiza la eficiencia en la asignación de recursos y garantiza la satisfacción tanto de consumidores como de productores, previniendo la escasez o el excedente de productos y servicios, permitiendo unos precios justos y una alta optimización de la planificación empresarial. Siguiendo en el plano teórico, ese equilibrio entre oferta y demanda actúa como un mecanismo autorregulador que ajusta la producción y el consumo de forma automática.

En el siglo XX, la oferta y demanda en el transporte marítimo de mercancías a nivel global gozó de ese equilibrio. La flota mundial y, lo que es más importante, la capacidad efectiva de carga y el trasiego de mercancía contenerizada crecían a la par. Sin embargo, la gran crisis de 2008 rompió ese equilibrio. Desde entonces, y salvo los años más duros de la pandemia sanitaria, la oferta siempre superó a la demanda. Hoy en día, esa brecha se ha agrandado todavía más. Los nuevos buques portacontenedores se están incorporando a la flota mundial a un ritmo récord. De hecho, el pasado año 2025 se cerró con una contratación de 4,8 millones de TEUs, unas cifras que pulverizan los registros de 2021 y 2024, años en los que se superaron los 4,5 millones de TEUs contratados. En 2026, por lo menos lo que llevamos de año, arroja una tendencia similar, con 290.000 TEUs pedidos sólo en enero.

Uno no puede más que preguntarse las razones por las que las navieras siguen introduciendo más oferta en el mercado cuando la demanda actual no acompaña. La respuesta a esta pregunta no es única. Por un lado, la incertidumbre geopolítica hace que las navieras quieran estar preparadas para responder a cualquier disrupción de las cadenas de suministro. Por otro lado, las normativas ambientales hacen que los armadores apuesten por buques con motor dual que les permitan cumplir con esa normativa, pero también contar con ventajas competitivas y sufrir menos costes por combustible y por impuestos sobre el carbono. Además, las plazas limitadas en los astilleros ha hecho que las navieras quieran adelantar sus pedidos. Y tampoco podemos olvidar que, ahora mismo, aumentar la flota es una tendencia, iniciada por las grandes navieras y que ahora se ha extendido a todo el mercado.

El exceso de pedidos de buques y el desguace limitado se han convertido en una constante

Las navieras apuestan por nuevos buques mientras el ritmo de retirada de los más viejos y su desguace se encuentra en mínimos históricos. El pasado año únicamente se mandaron a desguazar 6.000 TEUs. Esta languidez con la que se retiran unidades del mercado deberá acelerarse en algún momento: alrededor de 1,5 millones de TEUs tienen al menos 25 años de antigüedad.

Esta situación de exceso de pedidos y desguace limitado se está convirtiendo en una constante en los últimos años. Cabe cuestionarse en este momento si estamos hablando de un hábito que ya ha arraigado en el mercado o, si, por el contrario, esta tendencia se mantiene únicamente por condicionantes externos. Tampoco debemos olvidar que un crecimiento indefinido de la flota no se va a traducir de manera automática en un crecimiento de la capacidad, o más concretamente, en ver cómo ese aumento en el número de buques se traduce en eficiencia operativa. Porque invertir miles de millones en nuevos buques para luego no sacarles el máximo rendimiento operativo no parece una buena estrategia.

Cuidado porque esta tendencia de mercado puede convertirse en un problema, al que hay que dar respuesta desde ya. Un buen primer paso sería comenzar a retirar a gran escala los buques más antiguos.