La guerra en Irán suma y sigue. Cada día nos levantamos con declaraciones nuevas y, por qué no decirlo, contradictorias, así que los mercados bursátiles están en modo crazy, corriendo cual pollo sin cabeza, sin que nadie pueda poner cordura o sensatez a la situación.
Confieso que, de un tiempo a esta parte, es complicado escribir un artículo de opinión teniendo por medio un par días hasta su publicación porque suceden cosas (secuestros, guerras, arancelazos, etc.) que convierten en una letanía ‘out of context’ las palabras escritas, pero es lo que toca, así que crucemos los dedos porque la decisión de Donald Trump de levantar el embargo a Rusia (acción ‘petróleo friendly’) no haya tenido más respuestas globales.
El impacto de la guerra en la cadena de suministro española ya comienza a sentirse y los transportistas han sido los primeros en dar la voz de alarma por la evidente dependencia del colectivo del combustible, rehén estratégico de Irán frente a Estados Unidos, que no deja de subir desde que cayeron los primeros drones bombas. Pero las consecuencias no sólo se esperan en los depósitos de los vehículos. No podemos olvidar que la carga aérea española se sostiene también en tráficos con Oriente Medio y en la eficiencia de las rutas España - Asia al atravesar esos espacios aéreos.
No podemos olvidar que la carga aérea española se sostiene también en tráficos con Oriente Medio y en la eficiencia de las rutas España - Asia al atravesar esos espacios aéreos
La guerra está cerrando rutas estratégicas en Irán, Irak y países limítrofes. En el mejor de los casos, se están llevando a cabo desvíos de vuelos entre España y Asia que, consecuentemente, incrementan sus costes en horas de vuelo (huyendo de los espacios cerrados al transporte aéreo de pasajeros y mercancías), en combustible (se habla ya de aumentos de más del 20-25%) y en las primas de seguros de los fletes aéreos con recargos por riesgo de guerra. En el peor de los casos, se están suspendiendo servicios. De hecho, Iberia, Qatar Airways, Emirates y Etihad Airways han suspendido cientos de operaciones que servían como puente logístico hacia España.
Pero bueno... ¿qué llega por avión? Seguro que no es mucho... Madre mía, quien os diga eso es un desubicado. Los aeropuertos de la red Aena gestionaron 1.372 millones de kilos en 2025. Además, este dato se sostiene sobre la tendencia del sector español que ha consolidado los últimos años récord tras récord. En 2025 se incrementaron los volúmenes manejados un 7,2% respecto al año anterior y las previsiones eran optimistas hasta que estalló la guerra Trump&Netanyahu. De hecho, los aeropuertos españoles superaron los 108,2 millones de kilos de carga aérea en febrero (+9,1%).
Pero con las actuales circunstancias, sabiendo que la carga aérea internacional fue el motor de crecimiento de la red, ¿qué podemos esperar?
Pues, además de los efectos en el e-commerce de Amazon, Shein y AliExpress y de los retrasos en la llegada de colecciones para el sector textil -hablo de Inditex- y de componentes críticos para la automoción o la tecnología, se prevén pérdidas de rentabilidad en las exportaciones españolas hacia Oriente Medio y Asia y caos en hubs logísticos como Dubái o Doha que ya han inmovilizado cargas, lo que lleva a los operadores a tener que jugar al siempre entretenido “mueve tu carga sorteando embargos, cierres de espacios aéreos y cuellos de botella”.
¿Se puede hacer algo para mitigar los efectos? Diría que sí, pero ¿el Gobierno activará alguno de los mecanismos de los que dispone? ¿Bonificaciones en tasas aeroportuarias? ¿Ayudas directas? ¿Flexibilidad operativa (administrativa y aduanera)? ¿Impulso de rutas alternativas o multimodalidad? Quedamos a la espera, señor ministro.