Hay países y ciudades que se te meten bajo la piel a la primera. Inglaterra y Londres, en mi caso. En buena parte tiene que ver con el fútbol y sus campos, football grounds que mudan su arquitectura con los años, pero que siguen sonando a hierro, a grada cercana, a comunidad. Y también a puertos, muelles y bolardos. A balones que ruedan como boyas sueltas. Barcos, marineros y puertos sin los cuales el fútbol no sería lo que es hoy, como bien sabemos en Bilbao, donde los marineros de MacAndrews jugaron el primer partido de foot-ball de la historia de la Villa en un muelle que ocupaba un espacio conocido desde entonces como Campa de los Ingleses.
En Inglaterra saben mucho de una cosa y de la otra. De fútbol y de mar. Al este de Londres, en The Den, la guarida del león del Millwall FC, el club de los estibadores, cuando suena el London Calling de The Clash a todo trapo al entrar en el Dockers Stand, la piel se te eriza. En Sunderland, ciudad construida a golpe de astillero y de carbón, el Stadium of Light recuerda que en el noreste de Inglaterra el fútbol siempre caminó de la mano del trabajo duro y del mar del Norte. No es casual que en sus gradas resuene Dance of the Knights como si fuera un himno industrial.
O en la ciudad naval de Portsmouth, donde Fratton Park sigue oliendo a salitre y a Royal Navy, y el fútbol se entiende como los puertos: con orgullo, con identidad y con memoria, Play up Pompey es un cántico de pertenencia a una ciudad que vive mirando al mar. Y en Southampton, sus rivales del sur, St Mary’s se levanta a pocos pasos de los muelles que vieron partir grandes transatlánticos. Fútbol y puerto compartiendo horizonte. En el caso del Millwall FC, sus hooligans fueron, hasta no hace tanto, los más temidos de la Pérfida Albión, como llamó Matías Prats padre a Inglaterra cuando España le ganó por primera vez en el Mundial de Brasil de 1950 en Maracaná con aquel gol de Zarra, “la mejor cabeza de Europa después de Churchill”, según la prensa de la época. Fútbol, historia y épica. Siempre hay algo marítimo en todo eso.