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London Calling

  • Última actualización
    26 enero 2026 16:06

Hay países y ciudades que se te meten bajo la piel a la primera. Inglaterra y Londres, en mi caso. En buena parte tiene que ver con el fútbol y sus campos, football grounds que mudan su arquitectura con los años, pero que siguen sonando a hierro, a grada cercana, a comunidad. Y también a puertos, muelles y bolardos. A balones que ruedan como boyas sueltas. Barcos, marineros y puertos sin los cuales el fútbol no sería lo que es hoy, como bien sabemos en Bilbao, donde los marineros de MacAndrews jugaron el primer partido de foot-ball de la historia de la Villa en un muelle que ocupaba un espacio conocido desde entonces como Campa de los Ingleses.

En Inglaterra saben mucho de una cosa y de la otra. De fútbol y de mar. Al este de Londres, en The Den, la guarida del león del Millwall FC, el club de los estibadores, cuando suena el London Calling de The Clash a todo trapo al entrar en el Dockers Stand, la piel se te eriza. En Sunderland, ciudad construida a golpe de astillero y de carbón, el Stadium of Light recuerda que en el noreste de Inglaterra el fútbol siempre caminó de la mano del trabajo duro y del mar del Norte. No es casual que en sus gradas resuene Dance of the Knights como si fuera un himno industrial.

O en la ciudad naval de Portsmouth, donde Fratton Park sigue oliendo a salitre y a Royal Navy, y el fútbol se entiende como los puertos: con orgullo, con identidad y con memoria, Play up Pompey es un cántico de pertenencia a una ciudad que vive mirando al mar. Y en Southampton, sus rivales del sur, St Mary’s se levanta a pocos pasos de los muelles que vieron partir grandes transatlánticos. Fútbol y puerto compartiendo horizonte. En el caso del Millwall FC, sus hooligans fueron, hasta no hace tanto, los más temidos de la Pérfida Albión, como llamó Matías Prats padre a Inglaterra cuando España le ganó por primera vez en el Mundial de Brasil de 1950 en Maracaná con aquel gol de Zarra, “la mejor cabeza de Europa después de Churchill”, según la prensa de la época. Fútbol, historia y épica. Siempre hay algo marítimo en todo eso.

London Calling es una llamada seria al transporte marítimo global para jugar en equipo y ganar todos

El caso es que Londres tiene todo el sentido del mundo como sede de la Organización Marítima Internacional, como capital marítima global. La tradición pesa. Así que cuando este viernes regresé a Londres, al número 4 de Albert Embankment, para la rueda de prensa del secretario general de la OMI, Arsenio Domínguez, el título de esta columna se escribió solo: London Calling. Porque desde Londres salió una llamada clara al mundo. Una llamada al consenso y a entender que la descarbonización del transporte marítimo no puede construirse a base de parches regionales como el UE-ETS ni de soluciones fragmentadas. Un sector global necesita respuestas globales y el Marco Net-Zero no puede esperar su adopción mucho tiempo más.

La OMI afronta meses decisivos. Abril primero. Octubre después. Y entre medias, mucha diplomacia, contacto bilateral y política marítima de la que no sale en las fotos pero lo sostiene todo. La pregunta es si esta vez los países serán capaces de aparcar diferencias, tensiones geopolíticas y agendas domésticas. Si incluso Estados Unidos, con Donald Trump marcando el paso, estará dispuesto a jugar en equipo. España está llamada a tener un papel relevante como país marítimo, portuario, europeo y activo en la OMI, con un trabajo discreto, paciente, de los que no hacen ruido pero ganan partidos. Porque esto, como el fútbol, no va de lucirse en solitario. Va de entender el juego colectivo.

London Calling no es solo una canción o un guiño futbolero. Es una llamada seria, desde Londres, al transporte marítimo global. A ver si esta vez el balón entra. Y ganamos el partido todos.