El transporte ferroviario de mercancías en España cerró el pasado año con un ligerísimo crecimiento de una décima de su cuota, colocándose en el 3,47%, según los últimos datos públicos por el Instituto Nacional de Estadística. Por otro lado, el número de toneladas por kilómetro netas transportadas en 2025 (9.822,2) se incrementó un 6,7%. A priori, siendo datos positivos, son del todo insuficientes para poder llegar a esa cuota del 10% que se ha fijado el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible para el año 2030. Si en estos momentos queda lejos el 5,05% de cuota alcanzado en 2015, imaginan dónde queda ese 10%. Lo que sí puede afirmarse es que el sector es resiliente y se adapta, sobre todo si tenemos en cuenta que se ha logrado crecer a pesar de los cortes, desviaciones e incidencias que han tenido lugar en la red como consecuencia de los trabajos de mantenimiento. Y eso es gracias, en gran medida, a la apuesta de los operadores ferroviarios privados por poner en marcha nuevos servicios y conexiones, por invertir en la mejora de su material rodante, por atraer talento y por innovar con nueva oferta. Ya conocen eso de hacer de la necesidad virtud.
Hay múltiples razones del lentísimo crecimiento que experimenta el tráfico ferroviario de mercancías. Periódica y recurrentemente se habla de fiabilidad, costes, inversiones... Pero también de infraestructuras y su mantenimiento y, sobre todo, de disparidad de anchos. Como ya saben, y según datos del propio Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, en la red ferroviaria española (de 15.652 kilómetros) conviven varios tipos, donde el ibérico es mayoritario (11.211 kilómetros), y el europeo (3.030 kilómetros) prácticamente se circunscribe a la red de alta velocidad. No es este el espacio para entrar a debatir porqué hemos llegado en España a esta disparidad de anchos, o de porqué se han dedicado ingentes cantidades de recursos y dinero a potenciar la red de alta velocidad en detrimento de la convencional -por donde circulan las mercancías-, pero sí podemos analizar el momento en el que estamos y qué debemos hacer para poder acercarnos a los estándares europeos y ganar competitividad.