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Los anchos que nos estrechan

  • Última actualización
    21 julio 2026 05:20

El transporte ferroviario de mercancías en España cerró el pasado año con un ligerísimo crecimiento de una décima de su cuota, colocándose en el 3,47%, según los últimos datos públicos por el Instituto Nacional de Estadística. Por otro lado, el número de toneladas por kilómetro netas transportadas en 2025 (9.822,2) se incrementó un 6,7%. A priori, siendo datos positivos, son del todo insuficientes para poder llegar a esa cuota del 10% que se ha fijado el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible para el año 2030. Si en estos momentos queda lejos el 5,05% de cuota alcanzado en 2015, imaginan dónde queda ese 10%. Lo que sí puede afirmarse es que el sector es resiliente y se adapta, sobre todo si tenemos en cuenta que se ha logrado crecer a pesar de los cortes, desviaciones e incidencias que han tenido lugar en la red como consecuencia de los trabajos de mantenimiento. Y eso es gracias, en gran medida, a la apuesta de los operadores ferroviarios privados por poner en marcha nuevos servicios y conexiones, por invertir en la mejora de su material rodante, por atraer talento y por innovar con nueva oferta. Ya conocen eso de hacer de la necesidad virtud.

Hay múltiples razones del lentísimo crecimiento que experimenta el tráfico ferroviario de mercancías. Periódica y recurrentemente se habla de fiabilidad, costes, inversiones... Pero también de infraestructuras y su mantenimiento y, sobre todo, de disparidad de anchos. Como ya saben, y según datos del propio Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, en la red ferroviaria española (de 15.652 kilómetros) conviven varios tipos, donde el ibérico es mayoritario (11.211 kilómetros), y el europeo (3.030 kilómetros) prácticamente se circunscribe a la red de alta velocidad. No es este el espacio para entrar a debatir porqué hemos llegado en España a esta disparidad de anchos, o de porqué se han dedicado ingentes cantidades de recursos y dinero a potenciar la red de alta velocidad en detrimento de la convencional -por donde circulan las mercancías-, pero sí podemos analizar el momento en el que estamos y qué debemos hacer para poder acercarnos a los estándares europeos y ganar competitividad.

Hace falta valentía y visión a largo plazo

España no puede permitirse sólo un 20% de su red ferroviaria en ancho europeo. Puede estar bien si sólo queremos mover carga en la Península Ibérica, pero intuyo que tanto para las empresas cargadoras con intereses en el resto del continente europeo como para los propios operadores ferroviarios es insuficiente; incluso me atrevería a decir que es insuficiente hasta para el propio Ministerio de Transportes, ya que se antoja muy difícil llegar a ese 10% de cuota en 2030 si eliminamos de la ecuación el parámetro internacional. Contar con un creciente porcentaje de vías en ancho estándar haría mucho más sencillas las operaciones a Adif, y sobre todo permitiría a los trenes de carga no tener que hacer el costoso intercambio en la frontera con Francia. Además, no debemos olvidar que, si bien Europa por el momento no ha obligado a España a acometer la transformación de su red de vías en ancho ibérico, sí aprieta para que el ancho de los corredores de la Red Transeuropea TEN-T que discurren por España (Mediterráneo y Atlántico) sea estándar. Pero tampoco podemos dejar de lado las consecuencias de esa transformación integral. Por un lado, habría que movilizar decenas de miles de millones de euros (en detrimento de otras partidas); por otro, sufriríamos años y años de obras traducidos en afectaciones que incidirían en un servicio cogido con alfileres en muchas ocasiones.

Sobre el papel, cambiar paulatinamente de ancho es una decisión relativamente fácil, porque los beneficios a largo plazo son numerosos. Lo que hace falta es, además de dinero y paciencia, valentía y visión a largo plazo. De eso andamos escasos.