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Meter los pies en el barro

  • Última actualización
    30 junio 2026 05:20

Al sector portuario podrán achacársele muchas cosas, pero si hay algo que los puertos de este país y los profesionales que les han dado vida han hecho a lo largo de los años ha sido el saber plantear y dar una solución a los retos de cada momento. Hacer una enumeración aquí de los hitos más importantes daría para publicar varios Puntos de Fuga, y como no quiero aburrirles, me gustaría incidir no tanto en cada uno de esos acontecimientos o circunstancias que acaecieron, sino en el propio hecho en sí de saber responder. Como en cualquier actividad económica importante que se precie de serlo, y la portuaria es una de las más relevantes, convendremos en que las necesidades siempre están ahí: necesidades operativas, de seguridad, de personal, de maquinaria, de mantenimiento... y así un largo y eterno etcétera. Lo que cambia con los años no son esas necesidades, sino la manera de solucionarlas. Obviamente, las terminales no respondían igual en los años 70 del pasado siglo que ahora. El trabajo físico y manual ha ido desdibujándose para dar paso a cantidades ingentes de datos, algoritmos, automatización de procesos y procesos de electrificación. Mismas necesidades, distintas respuestas.

Y para que esas respuestas hayan podido adaptarse al cambio de los tiempos, los procesos innovadores aplicados a la actividad portuaria han sido la verdadera palanca de cambio. Porque si hoy en día, como bien reflejaba mi compañero Marc Vergés en su última columna, la palabra “innovación” puebla los discursos grandilocuentes de nuestros representantes políticos, lo hace, en la mayoría de las ocasiones, sin ningún tipo de contenido y vacía de significado, a pesar de que queda muy resultona entre tanta palabrería. Como saben, el folio y el powerpoint lo aguanta todo; el gran reto llega cuando hay que pasar de las palabras a los hechos, de trasladar esas ideas a un hecho y escenario concreto y real, un contexto que se puede tocar y experimentar, un escenario que es, en suma, real.

El ecosistema portuario platea un número infinito de situaciones a las que no se puede dar la espalda

Lo que falta, entonces, es bajar al detalle, conocer las necesidades que en cada momento va teniendo el sector portuario y poder analizar la mejor respuesta. Y para eso hay que meter los pies en el barro. Hay que conocer de primera mano lo que es un puerto y cómo funciona, hay que saber qué actores y eslabones de la cadena logística intervienen, en cada uno de los procesos. Si lo piensan bien, el ecosistema portuario platea prácticamente un número infinito de casuísticas y situaciones a las que no se puede dar la espalda ni permanecer ajeno.

Por eso, y aunque pueda parecer una especie de perogrullada mal referida, hay que trabajar para que sucedan cosas y para generar impactos positivos. Y para eso, la Administración Pública tiene un rol muy importante que jugar. En numerosas ocasiones se ha constatado que dejar todo este tipo de procesos innovadores a la empresa privada no es eficiente ya que, como es lógico, cada empresa busca soluciones a sus propios problemas, lo que cierra demasiado el foco y aleja la búsqueda de soluciones globales. ¿Lo hace actualmente? A duras penas. No negaré que hay ciertas iniciativas interesantes impulsadas desde el sector público que están dando resultados palpables, pero son claramente insuficientes, sobre todo porque no son capaces de responder a la velocidad de los cambios que día sí y día también suceden a nuestro alrededor.

Haríamos bien en seguir el ejemplo de aquellas entidades que sí meten los pies en el barro y articulan ecosistemas generadores de proyectos innovadores. Si quieren ejemplos, pásense hoy y mañana por el Edificio del Reloj del Puerto de Valencia.